Somos la suma de cuatro hospitales: el General, el Infantil, el de la Mujer y el de Traumatología, Rehabilitación y Quemados. Estamos ubicados en el Vall d'Hebron Barcelona Hospital Campus, un parque sanitario de referencia internacional donde la asistencia es una rama imprescindible.
El paciente es el centro y el eje de nuestro sistema. Somos profesionales comprometidos con una asistencia de calidad y nuestra estructura organizativa rompe las fronteras tradicionales entre los servicios y los colectivos profesionales, con un modelo exclusivo de áreas de conocimiento.
¿Quieres saber cómo será tu estancia en el Hospital Universitario Vall d'Hebron? Aquí encontrarás toda la información.
La apuesta por la innovación nos permite estar en vanguardia de la medicina, proporcionando una asistencia de primer nivel y adaptada a las necesidades cambiantes de cada paciente.
La enfermedad de Parkinson es una disfunción de los ganglios basales causada por la degeneración de las células productoras de dopamina en la sustancia negra. La función normal de la sustancia negra se sintetizará y segregar diferentes neurotransmisores para un acompasamiento entre movimientos voluntarios e involuntarios. Cuando este equilibrio se rompe, aparecen el temblor y la rigidez.
Es una enfermedad neurodegenerativa progresiva del sistema nervioso central que afecta estructuras del cerebro encargadas del control y la coordinación del movimiento, del mantenimiento del tono muscular y de la postura. Se caracteriza por afectar a la movilidad involuntaria de los movimientos y temblor de las manos en estado de reposo que desaparece al hacer un movimiento voluntario o cuando hay una profunda relajación en el sueño. También están presentes la rigidez y el desequilibrio y la pérdida progresiva de la mímica facial.
La prevalencia de enfermos de Parkinson en Cataluña es de 229 por 100.000 habitantes.
Está enfocado a dar poder a los pacientes y sus cuidadores para lograr cambios de comportamiento en su autocontrol y motivarlos para que sigan el tratamiento a largo plazo. También a reducir la medicación y ganar calidad de movimiento. El principal objetivo es la independencia funcional del individuo y la forma física general desde el inicio de la enfermedad. Todo para poder minimizar las complicaciones secundarias y el riesgo de caídas.
El tratamiento con el fármaco levodopa permite recuperar muchas de las funciones deterioradas o perdidas a causa de la enfermedad. Pero su efecto transitorio y fluctúa; cuando termina la medicación el paciente se encuentra bien, en ON y cuando se le acaba el efecto se encuentra en OFF y los síntomas reaparecen.
Hay otros tratamientos farmacológicos y neuroquirúrgicos, como estimulación eléctrica de partes del cerebro mallado, a través de estereotaxia con ultrasonidos, ahorrando la trepanación y cirugía.
Crece el número de estudios que enfatizan que el ejercicio aeróbico podría tener un efecto neuroprotector. Por otro lado, durante el tratamiento se insiste en la prevención de la inactividad, de las caídas y del miedo a moverse o caer.
La artrosis es una enfermedad que causa el deterioro del cartílago articular, que es la cubierta que desarrolla el hueso para protegerse del desgaste que le provoca el funcionamiento de la rodilla. Una vez que se ha iniciado este deterioro, la evolución es progresiva. En fases avanzadas de la enfermedad, este deterioro causa dolor e impide al paciente andar o estar de pie con normalidad, y en la actualidad no hay medicamentos para detener el deterioro en estas fases.
Cuando el dolor no se puede controlar con los analgésicos habituales, se debe realizar una operación de reemplazo total de rodilla, también conocida como PTR.
Los objetivos de la cirugía de reemplazo de rodilla son:
En la cirugía, se sustituyen las superficies articulares que sufren la pérdida de cartílago por un implante artificial hecho de cromo, cobalto o titanio.Una vez que se extrae la parte afectada, se coloca el implante metálico y se fija en el hueso con cemento.
En el Hospital Vall d'Hebron practicamos hasta 500 intervenciones de prótesis de rodilla al año.
El tratamiento del ictus requiere actuación inmediata en unidades especializadas y por neurólogos expertos. La atención precoz reduce la mortalidad y la dependencia a largo plazo, y la identificación exacta del momento de inicio de los síntomas es fundamental.
En el caso del ictus isquémico, la finalidad del tratamiento es deshacer o extraer, en el menor tiempo posible, el coágulo que está cortando la circulación natural de la sangre en el cerebro. Para llevarlo a cabo, hay dos vías de actuación:
En el ictus hemorrágico, el tratamiento pretende frenar el sangrado que se ha producido por la rotura de un vaso y evitar el aumento de tamaño de la hemorragia. Por ello, se realiza una monitorización periódica del paciente para conocer el nivel de conciencia y el déficit neurológico. Esta se mantiene al menos durante las primeras 72 horas después de sufrir un ictus. También se efectúa un control intensivo de la presión arterial, de los niveles de glicemia (azúcar en sangre) y de la fiebre para prevenir posibles complicaciones.
El sangrado cerebral puede causar inflamación del tejido cerebral circundante (conocido como edema). En este caso, es necesario administrar medicamentos por vena para reducirla. En personas que reciben un tratamiento con anticoagulantes orales o que tienen alteraciones de la hemostasia (proceso que realiza el organismo para frenar la hemorragia sanguínea), se debe corregir lo más rápido posible.
En los casos más graves, los especialistas pueden recomendar una cirugía para drenar la hemorragia. La decisión sobre el tratamiento quirúrgico se toma en función de factores como la localización y tamaño de la hemorragia, la edad y los antecedentes del paciente. Se trata de una decisión difícil, dado que no siempre es posible acceder sin producir daños en otras zonas del cerebro.
El propósito de la neurorrehabilitación es recobrar las funciones neurológicas perdidas o disminuidas como consecuencia de un ictus. Existen, sin embargo, fases de recuperación:
De esta manera, el equipo interdisciplinario que interviene a lo largo de las diferentes etapas trabaja para que el paciente tenga la máxima independencia y adaptación a su entorno. Para cumplir estos objetivos, es conveniente iniciar la recuperación tan pronto como sea posible y, desde las fases iniciales, contar con la participación del paciente y sus cuidadores.
Hay que mencionar que, por naturaleza, existe la denominada “recuperación espontánea”: es cuando el cerebro tiene la capacidad para recuperarse de los daños que ha sufrido por sí mismo. Esta recuperación, sin embargo, puede producirse en una dirección incorrecta o no ser suficiente para reducir las secuelas. Por ello es recomendable seguir siempre las indicaciones de los especialistas.
Un equipo interdisciplinario se ocupa de la recuperación de un paciente que ha sufrido un ictus. Cada uno de los profesionales interviene según la evolución de la enfermedad y las necesidades que se derivan en cada momento:
En el proceso de rehabilitación también intervienen otros profesionales, como médicos, enfermeras o técnicos ortopédicos.
En el caso de esta enfermedad que no da síntomas, lo más importante es la prevención para evitar sus complicaciones más temidas, que son las fracturas. Tanto el tratamiento como la prevención tienen que estar supervisados siempre por el médico de cabecera o especialista.
Para prevenir la osteoporosis y el riesgo de que se produzca una fractura, es recomendable seguir una dieta rica en calcio, magnesio y vitamina D: están presentes en alimentos como las legumbres, el aguacate y los frutos secos.
Si no se ingiere suficiente calcio en la dieta, puede ser necesario el consumo de suplementos. La Fundación Nacional de Osteoporosis recomienda 1000 mg por día para la mayoría de los adultos y 1200 mg por día para las mujeres mayores de 50 años o los hombres mayores de 70 años.
Es importante para ayudar al cuerpo a absorber el calcio de los alimentos que se consumen. La dosis diaria recomendada es de 400 a 800 unidades internacionales (llamadas UI) para adultos menores de 50 años y de 800 a 1000 IU para personas de 50 años o mayores. Éstas son las pautas actuales de la Fundación Nacional de Osteoporosis. Se puede necesitar una dosis diferente según el nivel de vitamina D en sangre, a veces de hasta 50.000 unidades por semana durante 12 semanas.
También existen varios fármacos con frenadores de la absorción de hueso y osteoformadores: bifosfonatos, hormona PTH, anticuerpos monoclonales, etc., que serán adaptados por un médico según las necesidades en función de las comorbilidades (que dependen del tipo de trastorno o enfermedad adicional que se padezca) y preferencias del paciente
Se recomienda realizar una actividad física moderada con algo de impacto: saltar, caminar, bailar, así como practicar otras actividades, como el yoga y el taichí, que presentan beneficios añadidos a la hora de prevenir las caídas y fracturas.
El ejercicio frena la atrofia muscular, mejora la movilidad articular, ejerce una acción directa sobre la osteogénesis y mejora la coordinación neuromuscular.
El especialista de rehabilitación es uno de los encargados de asesorar a la familia y al paciente en el tratamiento, con el resto del equipo técnico ortopédico y el fisioterapeuta del equipo del hospital que hacen el seguimiento de la evolución de esta deformidad. Existen diversos tratamientos para la escoliosis, dependiendo del tipo, la curvatura y de la edad del paciente.
La consecuencia más negativa de la escoliosis es que pueda afectar a la función pulmonar. Para evitar esto y las alteraciones estéticas se aplican diversos tratamientos.
En pacientes adolescentes y en edad de crecimiento se aplica un tratamiento conservador, cuyo objetivo es prevenir la progresión de la curva. Se hace un control de la curvatura a través de la observación y se coloca un corsé corrector si la curva progresa más de 25 grados. El corsé reduce el riesgo de progresión de la curva, corrige la deformidad y disminuye la necesidad de cirugía.
Para tratar curvas pequeñas y de bajo riesgo de progresión se recomienda la fisioterapia.
Las curvas menores de 20º no deben tratarse y las superiores a este valor angular deben cumplir una serie de requisitos:
Es importante que todo el equipo, el paciente y la familia entiendan y acepten el tratamiento, sigan los controles y entre todos ayuden al cumplimento del mismo.
Su objetivo es la corrección y mantenimiento de la curva. Otros objetivos serán mejorar el aspecto equilibrando el tronco y reduciendo al mínimo a corto y largo plazo las complicaciones. La cirugía se planteará en los siguientes casos:
En el caso que el paciente requiera tratamiento quirúrgico, el equipo de expertos cirujanos traumatólogos de la Unidad del Raquis será el encargado de continuar con el proceso.
La residencia en Medicina Física y Rehabilitación permite adquirir experiencia en la práctica clínica de la medicina de rehabilitación, que es donde se contemplan todas las áreas de competencia de la especialidad. Desde el ámbito ortopédico, neurológico, de lesiones de médula, de rehabilitación infantil, de amputaciones, de linfedema, de suelo pélvico o de foniatría, hasta rehabilitación respiratoria y de base comunitaria, algias vertebrales y quemados.
Itinerario formativo de Medicina física y rehabilitación
Somos un centro activo en la investigación y contamos con un gran número de publicaciones a la vez que participamos en varios programas nacionales e internacionales, además de haber recibido premios en diferentes congresos de la especialidad.
El programa docente de medicina física y de rehabilitación incluye aspectos claves para la investigación, como la formación en epidemiología clínica y la metodología de la investigación clínica. Además, nuestros residentes participan en cursos de suficiencia investigadora para su práctica.
La epidermólisis ampollosa (EA) es una enfermedad que engloba un grupo de desórdenes determinados genéticamente y que se caracterizan por la excesiva fragilidad de la piel y las mucosas ante traumas mecánicos mínimos. La enfermedad aparece en el momento del nacimiento o en los primeros años y dura toda la vida. El pronóstico es variable, pero suele ser grave. La edad de supervivencia son los 50 años y la enfermedad comporta complicaciones infecciosas, nutricionales o neoplásicas. Actualmente no tiene un tratamiento eficaz.
En función de la zona de la piel donde se produce la ampolla, la enfermedad se divide en cuatro grandes grupos y, a su vez, en más de 32 subgrupos.
Los síntomas cutáneos más frecuentes son la aparición de ampollas en las zonas de más fricción como las manos y los pies. Son lesiones hemorrágicas que pueden producir costras que se infectan con facilidad y prurito constante. El rascado contribuye a la aparición de nuevas lesiones y a la sobreinfección de las ya existentes.
Una vez se ha curado la ampolla, aparecen quistes de millium, cicatrices atróficas o hipertróficas que originan sindactilias de manos y pies, contracturas articulares, así como deformidades estéticas y limitación funcional en el uso de las manos o en la deambulación. Todo eso comporta una pérdida de autonomía.
Además, las heridas crónicas pueden producir carcinomas cutáneos de gran agresividad.
Aparte de eso, también puede desencadenar manifestaciones extracutáneas, como la participación en anexos de la piel, los dientes y los sistemas gastrointestinal, tracto urinario y el epitelio pulmonar.
La enfermedad presenta una prevalencia baja y afecta a uno de cada 17.000 nacidos vivos en el mundo.
Para detectar la enfermedad principalmente se hace un mapeo por inmunofluorescencia y microscopia electrónica. Además, en el caso de estos pacientes el diagnóstico genético es obligado porque la enfermedad puede implicar una evolución y pronóstico diferentes.
Aunque se está investigando, de momento, es una enfermedad que no tiene cura, pero sí se pueden hacer tratamientos preventivos y sintomáticos de las lesiones cutáneas, así como de las complicaciones sistémicas. Cuando se manifiesta la patología es vital la actuación rápida, ya que de ello depende la calidad y la esperanza de vida de los pacientes.
Actualmente, se están investigando nuevas terapias celulares y moleculares para combatir la enfermedad.
Las quemaduras críticas son lesiones causadas por fuentes de energía térmica, química o mecánica que pueden afectar no solo la piel, sino también el funcionamiento de órganos internos. Cuando son extensas, desencadenan una respuesta inflamatoria sistémica con riesgo vital.
Las quemaduras se producen porque el organismo interacciona con una fuente de energía que eleva la temperatura del tejido. Este hecho provoca unas lesiones de los tejidos que coagulan las proteínas y producen la muerte celular. Aunque pueden ser una lesión local, pueden acabar repercutiendo en el funcionamiento de órganos y de sistemas internos.
En la mayoría de los casos las quemaduras se producen porque el cuerpo interactúa con una fuente energética térmica, es decir, que tiene una temperatura más alta que la nuestra y nos transmite calor. Es el caso de las llamas, el agua hirviendo, los objetos calientes y las radiaciones solares. También hay quemaduras que se originan por una energía mecánica de fricción como en los casos de arrastre.
Cuando una quemadura es extensa y afecta al 15% del cuerpo de un adulto o al 10&% del de un niño o de una persona mayor de 50 años, se denomina enfermedad del gran quemado. En esta enfermedad se liberan una gran cantidad de factores proinflamatorios desde la quemadura hasta el resto del cuerpo a través de la corriente sanguínea. La fase aguda incrementa la permeabilidad de las membranas de los vasos sanguíneos y de las células del cuerpo, lo que provoca cambios en la distribución corporal de los líquidos y depresión de la función celular.
Para hacer frente a la quemadura, el cuerpo inicia al cabo de pocos días una respuesta inflamatoria generalizada que consiste en un aumento notable del catabolismo para conseguir recursos energéticos. Además, ofrece también una respuesta hiperdinámica que traslada los recursos a las zonas lesionadas. Si la quemadura no se cuida pronto, la respuesta inflamatoria puede acabar consumiendo los recursos, agotar al enfermo, provocar el fallo de los órganos y, finalmente, la muerte.
Sin embargo, una vez curado, el paciente puede presentar secuelas funcionales y estéticas debido a la cicatrización o la retracción de las cicatrices. Este es el caso de las cicatrices hipertróficas o queloides, bridas cicatrizales que limitan la movilidad de las articulaciones, retracciones palpebrales o microstomías, entre otros.
Según la gravedad de las quemaduras hay diversos grados y se manifiestan de manera diferente:
Las quemaduras son un traumatismo frecuente, grave e incapacitante que, principalmente, se da en accidentes laborales, domésticos o de tráfico. La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria calcula que, al año, tres de cada mil habitantes sufren quemaduras que necesitan atención médica. Los centros de atención primaria (CAP) atienden la mayor parte de los casos, pero entre el 15 y el 20% necesita ingresar en el hospital.
El diagnóstico es clínico y hace falta personal profesional altamente especializado para curarlas, ya que se trata de una patología infrecuente.
Según el grado de la quemadura, los tratamientos pueden ser de:
La mayoría de las quemaduras son evitables y, por lo tanto, las principales herramientas de prevención son la educación de la sociedad y la legislación.
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