Somos la suma de cuatro hospitales: el General, el Infantil, el de la Mujer y el de Traumatología, Rehabilitación y Quemados. Estamos ubicados en el Vall d'Hebron Barcelona Hospital Campus, un parque sanitario de referencia internacional donde la asistencia es una rama imprescindible.
El paciente es el centro y el eje de nuestro sistema. Somos profesionales comprometidos con una asistencia de calidad y nuestra estructura organizativa rompe las fronteras tradicionales entre los servicios y los colectivos profesionales, con un modelo exclusivo de áreas de conocimiento.
¿Quieres saber cómo será tu estancia en el Hospital Universitario Vall d'Hebron? Aquí encontrarás toda la información.
La apuesta por la innovación nos permite estar en vanguardia de la medicina, proporcionando una asistencia de primer nivel y adaptada a las necesidades cambiantes de cada paciente.
Esta prueba se realiza para comprobar si existen alteraciones en la motilidad (movimientos) del estómago y el intestino delgado en ayunas y después de comer.
En primer lugar, se introduce por la boca una sonda delgada que se conecta a un aparato que registra los movimientos, lo que se denomina motilidad, del intestino delgado. Posteriormente, se comprueba que el dispositivo está bien colocado, gracias a una radiografía.
Durante la prueba los pacientes deben estar tumbados en la cama y se les da una comida ligera que pueden ingerir sin dificultad.
Esta prueba dura una media de 6 horas.
Una vez realizada la prueba, el profesional hace una lectura e interpretación de los resultados, con el fin de definir o descartar un diagnóstico.
La manometría gastrointestinal permite detectar alteraciones en el movimiento del esófago, así como la apertura y el cierre correctos del esfínter esofágico, necesarios para que los alimentos pasen correctamente de la boca al estómago. También es útil para valorar el estado del esfínter esofágico interior y verificar que se cierre correctamente en personas que tienen acidez, ardor, dolor retroesternal o neumonías de repetición. Además, permite comprobar el resultado de algunos tratamientos, quirúrgicos o no, que afectan a la motilidad del estómago.
El proceso de colocación de la sonda es molesto y puede provocar náuseas, que desaparecen cuando la sonda está en la posición adecuada.
La endoscopia con cápsula endoscópica se utiliza para estudiar el intestino delgado. Para practicar la exploración, es necesario que los pacientes se tomen una pequeña cápsula que recorre de forma natural el intestino. Durante el trayecto, va recogiendo imágenes que se estudian posteriormente.
Para realizar la prueba se colocan unos sensores en el abdomen de los pacientes y un cinturón con una grabadora equipada con una batería. Acto seguido la persona paciente se toma la cápsula con un poco de agua. La duración del estudio es de 8 horas, durante las cuales la persona que se somete a la prueba no puede realizar actividades que impliquen estirarse, ejercicios bruscos, agacharse o hacer actividad física.
La cápsula se expulsa con las heces, pero las imágenes quedan registradas en la grabadora que el paciente lleva enganchada al cuerpo con el cinturón.
Es una prueba que se utiliza para estudiar el intestino delgado.
Es necesario que el paciente informe al médico de toda la medicación que toma, con el fin de hacer los ajustes necesarios. Además, también deberá seguir las indicaciones de los profesionales, con respecto a la ingesta de sólidos y líquidos antes y después de la prueba.
Durante el procedimiento, los pacientes no se pueden acercar a zonas con campos electromagnéticos fuertes, como equipos de radioaficionados o de resonancia magnética.
Una vez finalizada la endoscopia con cápsula, los pacientes tienen que controlar las deposiciones, con objeto de comprobar que la cápsula se ha expulsado correctamente.
La fibrocolonoscopia o colonoscopia es una exploración que se realiza para examinar el intestino grueso o el colon y, si es necesario, la parte final del intestino delgado.
Si eres un paciente diabético, consulta con tu médico o médica de referencia la pauta de medicación que debes seguir.
Se utiliza para examinar el intestino grueso o colon, así como la parte inicial del intestino delgado.
La duración de esta prueba no acostumbra a ser superior a 30 minutos, siempre que no se realicen tratamientos terapéuticos.
El objetivo de la biopsia intestinal es obtener un fragmento superficial de la mucosa del intestino delgado para analizarlo con el microscopio. Mediante esta muestra se puede determinar si hay alguna enfermedad o problema de salud y cómo evoluciona.
Para tomar la muestra, se introduce un catéter muy delgado a través de la boca del paciente hasta la zona que se desea explorar. Posteriormente, la persona que se somete a la prueba tiene que ir cambiando de posición hasta que, por medio de rayos X se compruebe que la cápsula está bien colocada.
Cuando la posición de la cápsula es correcta, se efectúa una aspiración con una jeringa para obtener la muestra, lo que llamamos biopsia.
Se utiliza para analizar y determinar si existe alguna enfermedad o problema de salud en el intestino delgado.
A veces, hay que mover el catéter para colocar bien la cápsula. Esto no produce dolor, pero puede provocar irritación en la garganta o sensación de náuseas.
Los riesgos de la intervención son mínimos. Se pueden presentar complicaciones, como una perforación, sangrado o dificultad en la extracción de la cápsula, aunque son muy poco frecuentes.
La gastroenteritis es una infección que provoca diarrea, es decir, un aumento de las deposiciones que, además, son más blandas. Habitualmente puede ir acompañada de vómitos, fiebre y dolor de barriga.
Cada vez que los niños tienen diarreas o vomitan pierden líquidos y los tienen que recuperar bebiendo, lo que se denomina "por vía oral". Para conseguirlo, se pueden usar sueros hiposódicos.
Si vomita con facilidad, es necesario que se tome el suero hiposódico poco a poco (una cucharada cada 5 minutos). Y si no vomita, hay que ir aumentando la cantidad progresivamente.
Cuando no vomite, se le deben ofrecer pequeñas cantidades de comida. Nunca se le tiene que forzar a que coma y la aportación de líquidos debe continuar entre las comidas.
El niño no tiene que estar en ayuno. Hay que ir ofreciéndole comida sin forzarlo. Normalmente, los niños con gastroenteritis no tienen mucha hambre. En caso de lactancia materna, hay que aumentar el número de tomas. Los biberones de leche se deben seguir preparando con las dosis habituales, no se tienen que diluir.
Por otra parte, la dieta astringente no es imprescindible, con una alimentación suave, que le apetezca, es suficiente. Los alimentos que toleran mejor son los cereales, arroz y trigo; la patata; el pan; la carne magra; la verdura; el pescado; el yogur y la fruta. Hay que evitar los alimentos flatulentos, con mucha grasa y azúcar.
Para reponer el líquido perdido, no utilizar soluciones caseras, ni refrescos comerciales. Son recomendables las soluciones preparadas para la rehidratación.
No administrar medicamentos para los vómitos o la diarrea sin consultarlo con un pediatra.
Se estima que más del 5% de la población sufre diarrea crónica, aquella que persiste cuatro semanas o más, y que cerca del 40% de estos sujetos son mayores de 60 años. La frecuencia normal de las deposiciones varía de tres veces a la semana a tres veces al día.
La diarrea puede definirse como una disminución de la consistencia y aumento de la fluidez de las heces, deposiciones que causan urgencia o malestar abdominal o un aumento en su frecuencia. La consistencia de las deposiciones se determina mediante la escala de Bristol, una tabla visual diseñada para clasificar las heces según su forma y peso en 7 grupos.
Hay que valorar la presencia de:
La lista de causas que pueden ocasionar diarrea crónica es extensa y a menudo se hace necesaria la realización de múltiples pruebas antes de llegar a un diagnóstico definitivo.
Las causas más frecuentes de diarrea crónica en nuestro entorno son la malabsorción de ácidos biliares y las enfermedades funcionales, sobre todo el síndrome del intestino irritable y la intolerancia a hidratos de carbono como la lactosa.
Desde el punto de vista de la práctica clínica es útil clasificar a los pacientes con diarrea en función de si presentan características que sugieren “funcionalidad” –una diarrea que aparece sin ninguna causa orgánica que la justifique– u “organicidad”. Esta distinción es importante, ya que el enfoque diagnóstico de ambas situaciones y el tratamiento varía ostensiblemente.
En caso de que se sospeche una enfermedad orgánica, a menudo se tiene que actuar de manera preferente, a diferencia de cuando la sospecha es de una enfermedad funcional, que puede permitir diferir un poco el procedimiento diagnóstico.
Los síntomas y signos de alarma que obligan a descartar enfermedades orgánicas causantes de diarrea crónica potencialmente graves son:
Actualmente todavía no hay recomendaciones específicas para evitar la aparición de la enfermedad. Se recomienda:
La hepatitis aguda es una inflamación repentina del hígado que puede ser causada por virus, medicamentos o tóxicos. Los síntomas más comunes son cansancio, náuseas, ictericia y orina oscura, aunque a veces pasan desapercibidos. El diagnóstico se realiza mediante pruebas de laboratorio y, en algunos casos, ecografía. La mayoría de veces se resuelve espontáneamente, pero algunas formas se previenen con vacunación.
La hepatitis aguda consiste en una inflamación aguda del hígado que hace que este no funcione de manera correcta. Habitualmente suele estar producida por virus, fármacos u otros tóxicos.
Los síntomas son muy variables y muchas veces pasan inadvertidos. Los más comunes son cansancio, poco apetito, náuseas, dolores musculares y fiebre. En ocasiones aparece tinte amarillo en la conjuntiva de los ojos y la piel (ictericia) y orina oscura (coluria). Los síntomas pueden durar entre uno y tres meses, hasta que se produce la recuperación. Las hepatitis B y C pueden cronificarse.
La hepatitis A afecta a niños y jóvenes. Gracias a las mejoras higiénico-sanitarias del país, en la actualidad es infrecuente. La podemos encontrar en pacientes que hayan viajado recientemente a países con mayor incidencia de la enfermedad así como en personas que hayan tenido contacto con ellos. Como decíamos, el mecanismo de transmisión es fecal-oral y se cura generalmente sin ninguna complicación.
La hepatitis B se transmite la mayoría de las veces por transmisión sexual o por vía sanguínea (adictos a drogas por vía endovenosa). La transmisión a través de transfusión sanguínea está en la actualidad muy controlada y prácticamente no se produce. En zonas en las que la prevalencia de la enfermedad es muy alta (países asiáticos principalmente), la manera más frecuente de transmitir la hepatitis B es de madre a hijo durante el embarazo o en el parto (transmisión vertical). En estos casos de transmisión vertical, la hepatitis B se cronifica en más de un 90% de los casos si no recibe tratamiento adecuado.
La hepatitis tóxica se produce por exposición a sustancias lesivas para el hígado. Estos tóxicos pueden ser fármacos, productos naturales u otros. En algunos casos, la asociación entre el tóxico y la hepatitis está muy bien descrita y es esperable. En otras ocasiones, se produce una reacción no esperada (idiosincrasia). Por último, hay fármacos que no producen toxicidad hepática a menos que se administren en dosis muy superiores a las normales (por ejemplo el paracetamol).
El diagnóstico es principalmente clínico (observación de ictericia, orinas oscuras) y de laboratorio (elevación de los enzimas hepáticos y determinación viral positiva).
Asimismo, durante la evolución de la enfermedad se detecta la aparición o evolución de anticuerpos específicos para cada virus que determinan la respuesta del paciente y su entrada o no en estado de cronicidad.
Con la ecografía abdominal podemos ver si hay complicaciones derivadas de la hepatitis aguda o excluir otras causas que pueden dar síntomas similares.
En general, no es necesario ningún tratamiento específico para la hepatitis aguda, salvo en algunos casos producidos por el virus de la hepatitis B y C. Es importante extremar la higiene personal para evitar el contagio a otras personas.
No se recomienda una dieta específica (siempre que se evite el consumo de alcohol). Tampoco debe hacerse reposo en cama estricto (se tiene que adecuar la actividad física al estado general del paciente).
Básicamente son analíticas que revelan el estado y evolución del hígado y la respuesta que da el paciente para la curación. También las analíticas de sangre pueden revelar la evolución a la cronicidad.
La vacunación para los virus A y B es el mejor tratamiento posible (incluidas en el calendario vacunal). No se dispone por el momento de ninguna vacuna para el virus C.
La hepatitis A se transmite por contacto fecal-oral (comida y bebida contaminada y de persona a persona). La higiene alimentaria es fundamental en este sentido.
Los métodos anticonceptivos de barrera (el preservativo) permiten evitar el contagio de las enfermedades de transmisión sexual (entre ellas la hepatitis B y C).
En países donde la enfermedad es muy frecuente, muchas mujeres embarazadas pueden sufrir la enfermedad y transmitirla a sus hijos durante la fase final del embarazo o en el parto. El uso de la vacunación precoz +/- gammaglobulinas contra el virus de la hepatitis B puede prevenir la infección del niño.
La hepatitis tóxica se previene con la precaución a la exposición de los diferentes tóxicos implicados.
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