Somos la suma de cuatro hospitales: el General, el Infantil, el de la Mujer y el de Traumatología, Rehabilitación y Quemados. Estamos ubicados en el Vall d'Hebron Barcelona Hospital Campus, un parque sanitario de referencia internacional donde la asistencia es una rama imprescindible.
El paciente es el centro y el eje de nuestro sistema. Somos profesionales comprometidos con una asistencia de calidad y nuestra estructura organizativa rompe las fronteras tradicionales entre los servicios y los colectivos profesionales, con un modelo exclusivo de áreas de conocimiento.
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La apuesta por la innovación nos permite estar en vanguardia de la medicina, proporcionando una asistencia de primer nivel y adaptada a las necesidades cambiantes de cada paciente.
La enfermedad celíaca es una enfermedad autoinmune en la que la ingesta de gluten daña el intestino delgado, afectando la absorción de nutrientes. Puede presentarse a cualquier edad y provoca síntomas digestivos y no digestivos. El diagnóstico se realiza mediante pruebas serológicas y biopsia, y el único tratamiento es una dieta estricta sin gluten.
De naturaleza autoinmunitaria, la enfermedad celíaca es la reacción, por predisposición genética, a la ingesta del gluten, una proteína presente en el trigo, el centeno, la cebada, la avena, la espelta, el kamut y el triticale.
El hecho de ingerir gluten provoca a las personas celíacas una lesión en las vellosidades del intestino delgado que afecta a su capacidad de absorber los nutrientes de los alimentos (proteínas, carbohidratos, grasas, sales minerales y vitaminas).
La celiaquía se puede presentar a cualquier edad y, aunque afecta a personas de todos los orígenes, parece que es más común entre las de raza blanca con antepasados provenientes del norte de Europa. Los estudios más recientes demuestran que esta enfermedad afecta aproximadamente a 1 de cada 100 personas y en la actualidad se considera que se trata de la enfermedad crónica intestinal más frecuente en el mundo occidental.
Aunque puede haber celíacos que no presenten síntomas, los más frecuentes son:
Se desconoce con exactitud por qué una persona desarrolla la enfermedad celíaca, pero se sabe a ciencia cierta que existen factores genéticos que predisponen a la persona a padecerla. Parece ser, sin embargo, que el componente genético no es determinante para que la enfermedad se llegue a desarrollar y que hacen falta también factores ambientales. A pesar de tener un origen genético, no se puede decir que sea una enfermedad hereditaria, aunque, si se compara con la población en general, el hecho de que una persona la sufra incrementa las posibilidades de que sus familiares la puedan sufrir. La probabilidad de sufrirla si algún familiar la tiene es del 10%.
Los familiares de primer grado de pacientes celíacos y las personas con enfermedades asociadas, como la diabetes tipo I o las enfermedades autoinmunes, tienen más riesgo de padecerla.
La celiaquía se puede presentar a cualquier edad y es más frecuente en mujeres que en hombres. Su prevalencia en Cataluña es de 1 de cada 204 habitantes y se detecta con más frecuencia en niños que en adultos.
El proceso del diagnóstico se basa en la sospecha clínica o en el reconocimiento de alguno de los factores de riesgo. Se dispone de marcadores serológicos como los anticuerpos antitransglutaminasa o antipéptidos deaminados de gliadina. Si estos son positivos, se tiene que hacer una biopsia intestinal endoscópica para confirmar el diagnóstico.
También se pueden hacer estudios genéticos de HLA-DQ2 y HLA-DQ8 para identificar a las personas de riesgo.
Actualmente, el tratamiento de la enfermedad celíaca consiste en la eliminación completa y permanente del gluten de la dieta de los pacientes.
Los celíacos no pueden tomar productos alimenticios que contengan trigo, avena, cebada o centeno. En la mayoría de los casos se consigue una recuperación total y permanente de la lesión intestinal, siempre que no se vuelva a comer alimentos con gluten. Esta eliminación solo se recomienda a los pacientes con enfermedad celíaca o con sensibilidad no celíaca al gluten, por lo tanto, no es ni necesario ni recomendable que también lo elimine la población general.
El cáncer es un conjunto de enfermedades en las que las células se multiplican de forma descontrolada, invaden tejidos cercanos y pueden diseminarse a otras partes del cuerpo (metástasis). Su comportamiento y tratamiento dependen del tipo y origen del tumor.
El cáncer es una enfermedad compleja, que varía según su clasificación, localización, tumores, malignidad, causas y abordajes.
Los síntomas del cáncer pueden ser variados y dependen mucho del tipo de tumor. Sin embargo, muchos cánceres pueden dar signos de alarma como:
Si excluimos los casos de cáncer de piel o melanoma, en Cataluña se diagnosticaron 39.900 casos en 2015. En concreto, afectó a 23.600 hombres y 13.300 mujeres. Con respecto a la tasa de incidencia es de 345 casos por 100.000 hombres y 217 por 100.000 mujeres.En el caso de los hombres, el cáncer más frecuente es el de próstata, seguido del colorrectal y del de pulmón. En las mujeres, los más habituales son los cánceres de mama, colorrectal y de pulmón.La tasa de mortalidad de esta enfermedad se sitúa en torno a los 109 casos por 100.000 hombres y 55 casos por 100.000 mujeres.
Para detectar los cánceres se hacen varias pruebas como pueden ser analíticas de:
También se pueden pedir pruebas de imagen como:
Finalmente se piden pruebas de tejidos:
El cáncer se trata de una manera multidisciplinar y se combinan diferentes especialidades médicas para establecer un tratamiento adecuado. Este tratamiento sigue un protocolo: cirugía, radioterapia y quimioterapia. También hay otras terapias específicas en algunos tumores como la hormonoterapia, las terapias dirigidas o la inmunoterapia.
Existe una serie de factores que influyen o inciden en el cáncer:
Además, existen programas de cribado para algunos tipos de cáncer.
El síndrome de Asperger es un trastorno del neurodesarrollo que se engloba dentro de los trastornos del espectro autista. Se caracteriza por presentar dificultades sociales, intereses restrictivos y conductas perseverantes. Estos síntomas dificultan que los pacientes tengan una vida social normalizada y eso también tiene incidencia en el ámbito familiar.
Los niños y los adolescentes que tienen este trastorno presentan los síntomas siguientes:
Las personas que presentan esta patología pueden tener un aspecto y una inteligencia dentro de la normalidad, pero tener problemas para relacionarse y para comunicarse.
Es un trastorno muy frecuente (de 3 a 7 por cada 1.000 nacimientos). Actualmente, hay más casos registrados en niños que en niñas. Pero es probable que este dato sea consecuencia de uno infradiagnóstico en los casos de las niñas.
Se utilizan entrevistas clínicas estructuradas y fiables para ayudar a definir los síntomas clínicos en diferentes edades. Actualmente no es posible hacer un diagnóstico al nacer, ya que todavía no disponemos de los marcadores biológicos para hacerlo.
Es muy importante el diagnóstico diferencial con otros trastornos del neurodesarrollo, como el síndrome alcohólico fetal, y con síndromes de causa genética, como el TDAH.
El profesional de la salud mental es quien prepara el tratamiento y tiene que estar enfocado a enseñar habilidades y competencias sociales (por ejemplo, saber interpretar situaciones sociales, ajustar el tono de voz según el contexto, respetar los turnos de conversación, etcétera). También se tiene que ayudar al paciente a organizar su tiempo y evitarle la inactividad o la dedicación excesiva a sus intereses restrictivos. Para el bienestar del paciente, es básico asegurar un ambiente estable y previsible, sin cambios bruscos.
Actualmente, no es posible prevenir el síndrome de Asperger, ya que su origen más probable es el genético, que implica múltiples genes que interaccionan con el ambiente.
Los anillos vasculares, que afectan básicamente a los menores, son alteraciones que se producen en el recorrido de las grandes arterias (aorta) y que comprimen estructuras vecinas como la tráquea o el esófago. Hay varias alteraciones que provocan esta anomalía. Entre las más frecuentes se encuentran el doble arco aórtico, la cincha pulmonar o el arco aórtico derecho con la subclavia izquierda aberrante.
En los casos menos graves es difícil detectar las anomalías, ya que puede que el niño no presente síntomas. Ahora bien, en la mayoría de ocasiones, el menor puede tener:
En los casos más graves los síntomas pueden aparecer durante el primer año de vida. Eso sucede cuando el bebé tiene mucha dificultad para respirar, con gemido audible, sobre todo con el llanto. Si el bebé presenta este síntoma, lo más importante es acudir a expertos o profesionales que descarten la presencia del anillo vascular.
Para realizar el diagnóstico se tienen que llevar a cabo pruebas, como una ecocardiografía y el estudio de la aorta. Además, la sospecha se puede corroborar con un angio-TAC, que nos permitirá saber con exactitud la distribución de los vasos sanguíneos y la relación con otras estructuras como la tráquea o el esófago.
Esta anomalía solo se puede curar quirúrgicamente y se realiza sin circulación extracorpórea, excepto en el caso de la cincha pulmonar. La intervención sirve para liberar las estructuras comprimidas a través de la reposición o división de los vasos que causan la compresión.
Como protocolo, se hace una fibrobroncoscopia para valorar la tráquea y los bronquios durante el acto quirúrgico y se observan los cambios después de la operación.
Después de la cirugía los niños pueden tener una vida normal.
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