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Anemia

Anèmia a Vall d'Hebron

La anemia se produce por la disminución de los glóbulos rojos, también denominados hematíes, en la sangre o en los niveles de hemoglobina. Los glóbulos rojos se ocupan del transporte del oxígeno a la sangre y a los diferentes tejidos. La causa de la anemia puede ser una enfermedad hematológica, pero también puede ser una manifestación de otras enfermedades.

Información destacada

¿Qué sucede cuando una persona tiene anemia?

La anemia aparece cuando el cuerpo de los pacientes no tiene bastante sangre rica en oxígeno, hecho que les provoca sensación de cansancio, debilidad, mareo y dolor de cabeza. Es muy importante poner un tratamiento, ya que una anemia grave o prolongada puede afectar al corazón, el cerebro y otros órganos.

La sangre tiene diferentes componentes, entre ellos los glóbulos rojos, los blancos, las plaquetas y el plasma, que forman la parte líquida de la sangre. En algunos tipos de anemia, todas estas células están disminuidas.

Hay tres causas principales de la anemia:

  • La pérdida de sangre
  • La falta de producción de glóbulos rojos
  • La velocidad mayor de destrucción de los glóbulos rojos

Si se presentan signos o síntomas de anemia hay que acudir al médico. En caso de que se diagnostique la enfermedad, el tratamiento depende de la causa y la gravedad. Hay muchos tipos de anemia que tienen causas y características específicas:

1. Anemia por falta de hierro

2. Anemia por falta de ácido fólico (folato)

3. Anemia perniciosa

4. Anemia por hemorragia

5. Anemia aplásica

6. Anemia hemolítica

7. Otros: talasemias, anemia de células falciformes

 

Los síntomas

El síntoma más frecuente de la anemia es el cansancio y la sensación de agotamiento y debilidad. A las personas con anemia les cuesta tener energía suficiente para hacer las actividades habituales.

Otros signos y síntomas de la anemia pueden presentarse porque el corazón tiene que trabajar más para bombear sangre rica en oxígeno por el cuerpo y son:

  • La dificultad para respirar
  • El mareo
  • El dolor de cabeza
  • El frío en las manos y los pies
  • La palidez
  • El dolor en el pecho

 

¿A quién afecta la anemia?

Según los informes de la OMS, la anemia afecta en todo el mundo a 1.620.000.000 personas, el 24,8 % de la población.

La máxima prevalencia se produce en los niños en edad preescolar y la mínima, en los hombres. No obstante, el grupo de población que cuenta con el máximo número de personas afectadas es el de las mujeres no embarazadas.

 

El diagnóstico

Como la anemia no siempre produce síntomas, el médico puede descubrirla en el momento de realizar pruebas. Es posible que en alguna visita rutinaria, o por motivos diferentes, el médico pregunte al paciente si tiene alguno de los signos o síntomas de la anemia, o bien si ha tenido una enfermedad o problema de salud que pueda causarla.

Para determinar la gravedad de la enfermedad y averiguar su origen, se tiene que hacer un pequeño examen que debe incluir las exploraciones siguientes:

  • Exploración cardíaca
  • Exploración pulmonar
  • Exploración abdominal

El médico también puede hacer un examen pélvico o rectal para detectar fuentes de pérdida de sangre.

Los análisis de sangre ayudan a determinar el tipo de anemia y la gravedad. Entre las pruebas indicadas, destaca el hemograma completo. A veces, hay que hacer otras pruebas:

  • Recuento de reticulocitos: para determinar la cantidad de glóbulos rojos inmaduros (reticulocitos) de la sangre y ver si la médula ósea está produciendo glóbulos rojos a la velocidad adecuada.
  • Pruebas para determinar las concentraciones de hierro en la sangre y el cuerpo: entre las cuales se encuentran el hierro sérico y la ferritina sérica; la transferrina y la capacidad total de captación de hierro también son pruebas que miden las concentraciones de hierro.
  • Electroforesis de hemoglobina: para evaluar los diferentes tipos de hemoglobina que hay en la sangre; puede servir para diagnosticar el tipo de anemia y, además, para determinar el déficit de los factores de maduración (vitamina B12 y ácido fólico).  

  

El tratamiento habitual

El objetivo del tratamiento es aumentar la cantidad de oxígeno que la sangre puede transportar y se consigue haciendo crecer la cifra de glóbulos rojos o la concentración de hemoglobina, una proteína de los glóbulos rojos rica en hierro y que transporta oxígeno a las células del organismo. Además, hay que tratar la enfermedad de fondo o la causa de la anemia, si existe.

El tratamiento de la anemia depende del tipo, la causa y la gravedad de la enfermedad. Pueden consistir en:

  • Cambios en la alimentación
  • Suplementos nutricionales
  • Medicamentos
  • Intervenciones quirúrgicas
  • Cirugía para el tratamiento de la pérdida de sangre

El médico especialista puede determinar la necesidad de hacer una transfusión de sangre o un trasplante de células madre de la sangre y la médula ósea.

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