La II Jornada de Virus Respiratorios y Otros de Vall d’Hebron pone el foco en la vigilancia de los enterovirus a través de las aguas residuales

Expertos alertan de que, aunque suelen ser leves, algunos enterovirus pueden causar complicaciones neurológicas graves en niños y reclaman un mayor seguimiento epidemiológico y genómico.

02/01/2026

Las segundas Jornadas de Actualización en Virus Respiratorios y Otros, organizadas por el equipo de Virus Respiratorios del Servicio de Microbiología del Hospital Universitario Vall d’Hebron, han puesto el foco en los enterovirus. ¿Qué sabemos sobre ellos y por qué es importante su detección y monitorización? Aunque la mayoría de las infecciones son leves, su amplio abanico clínico y el potencial para provocar complicaciones neurológicas graves en niños obligan a no bajar la guardia.

El virus en la atención primaria: boca-mano-pie

“En atención primaria, el enterovirus se manifiesta sobre todo con lesiones cutáneas, como la clásica enfermedad de boca, manos y pies, que afecta principalmente a menores de cinco años y es muy contagiosa. La mejor manera de frenarla es no llevar a los niños a la escuela. También causa cuadros respiratorios o gastrointestinales leves, con una sintomatología similar a la de la gripe”, explica el doctor Toni Soriano, pediatra de los Servicios Integrales de Salud del Baix Empordà.

La mayor circulación de enterovirus se produce en primavera y otoño, coincidiendo con los cambios de temperatura. La transmisión comunitaria está asociada al calendario escolar, con un aumento de los contagios tras la reapertura de las escuelas. La enfermedad boca-mano-pie y la herpangina, que puede causar fiebre alta, han servido para establecer patrones epidemiológicos, pero las intervenciones relacionadas con la COVID-19 interrumpieron estos patrones, aunque poco a poco han ido reapareciendo las dinámicas pospandémicas.

Según datos del equipo de investigación de pediatras de atención primaria y centros hospitalarios de Cataluña, COPEDI-CAT, del total de virus que circulan, el enterovirus representa el 5% en atención primaria y el 1% de los que circulan en el hospital, y afecta sobre todo a niños de entre 2 y 4 años.

Una familia de virus diversa con una sintomatología diversa

Los enterovirus no son un único virus, sino una gran familia con decenas de tipos diferentes. Por un lado están los virus de la polio (poliovirus) y, por otro, cerca de un centenar de serotipos que causan principalmente infecciones respiratorias o gastrointestinales leves. “Cada tipo tiene una genética propia que determina hacia qué órgano tiene más facilidad para dirigirse y qué tipo de respuesta inmunitaria genera”, detalla Andrés Antón, responsable de la Unidad de Virus Respiratorios del Servicio de Microbiología y coordinador de la jornada.

Lo que diferencia a los enterovirus de otros virus respiratorios es precisamente este abanico tan amplio de síntomas. Pueden causar erupciones cutáneas con vesículas en manos, pies y boca, crisis asmáticas, gastroenteritis o afectaciones neurológicas. En la mayoría de los casos, el curso es leve, pero en bebés muy pequeños, especialmente en menores de 30 días, el riesgo de complicaciones es mayor y puede requerir ingreso hospitalario o, en casos puntuales, cuidados intensivos.

Los casos que llegan al hospital

“En los casos que nos llegan al hospital, lo vemos asociado a cuadros respiratorios o neurológicos”, señala la pediatra Jorgina Vila, de la Unidad de Hospitalización Pediátrica del Hospital Infantil Vall d’Hebron. Los síntomas de alerta que deben motivar una consulta rápida incluyen fiebre persistente, vómitos, dificultad para caminar o mantenerse en pie, irritabilidad marcada, somnolencia excesiva, problemas de movilidad o dificultad respiratoria. A menudo, estos cuadros graves vienen precedidos de síntomas banales, como tos, fiebre o un resfriado aparentemente inofensivo.

Pese a todo, los ingresos por enterovirus siguen siendo menos frecuentes que los causados por otros virus respiratorios como la gripe o el virus respiratorio sincitial (VRS). “Los casos más graves suelen concentrarse en niños menores de cuatro años, con un sistema inmunitario aún inmaduro y vías respiratorias más estrechas, que se inflaman con facilidad”, describe.

En ausencia de tratamientos específicos o vacunas para la mayoría de estos virus, la prevención sigue siendo clave. “Lavado de manos, evitar el contacto estrecho si hay síntomas de resfriado, uso de mascarilla en casos concretos y una buena ventilación de los espacios son medidas sencillas pero eficaces”, remarca la doctora Blanca Borràs, del equipo de Epidemiología y Medicina Preventiva de Vall d’Hebron.

Reforzar la vigilancia de las aguas residuales

La jornada ha puesto de relieve que, detrás de un virus a menudo asociado a cuadros leves, se esconde un escenario complejo que exige una vigilancia constante, coordinación entre la atención primaria y la hospitalaria y una lectura fina de los síntomas. Uno de los episodios que aún pesa en la memoria de los profesionales es el brote de 2016, cuando un tipo de enterovirus provocó un aumento inusual de casos de enfermedad neurológica grave en niños. Aquella experiencia puso de manifiesto la importancia de la vigilancia virológica para saber qué tipos de enterovirus circulan en cada momento.

Los subtipos D68 y A71 pueden ser más agresivos y provocar afectaciones más graves. Del primero se han descrito parálisis similares a la polio y, del segundo, afectaciones del sistema nervioso como la rombencefalitis. “Sabemos que se adquieren por vía respiratoria, a través de la tos, los mocos o los estornudos, o por vía fecal-oral, y que se eliminan por las heces. Analizar las aguas residuales nos da una idea muy clara de los virus que están circulando, incluso antes de que aparezcan muchos casos clínicos”, señala Andrés Antón.

La vigilancia epidemiológica y genómica de los enterovirus permite identificar qué serotipos circulan, anticipar posibles formas graves y ajustar las respuestas asistenciales. En este sentido, la combinación de datos clínicos con la vigilancia ambiental, como el análisis de aguas residuales, se ha consolidado como una herramienta clave para adelantarse a los brotes y comprender la dinámica real de estos virus en la comunidad. “No se trata de alarma, sino de conocimiento”, subrayan los profesionales, que destacan que disponer de información sólida es esencial para proteger a los niños más vulnerables y orientar mejor las decisiones en salud pública.

Analizar aguas residuales nos da una idea muy calra de los virus que esrtán circulando, incluso antes de que aparezcan casos clínicos

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