Somos la suma de cuatro hospitales: el General, el Infantil, el de la Mujer y el de Traumatología, Rehabilitación y Quemados. Estamos ubicados en el Vall d'Hebron Barcelona Hospital Campus, un parque sanitario de referencia internacional donde la asistencia es una rama imprescindible.
El paciente es el centro y el eje de nuestro sistema. Somos profesionales comprometidos con una asistencia de calidad y nuestra estructura organizativa rompe las fronteras tradicionales entre los servicios y los colectivos profesionales, con un modelo exclusivo de áreas de conocimiento.
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La apuesta por la innovación nos permite estar en vanguardia de la medicina, proporcionando una asistencia de primer nivel y adaptada a las necesidades cambiantes de cada paciente.
La gripe es una infección respiratoria causada por el virus de la influenza (A, B y C) que se transmite por gotas respiratorias. Produce fiebre, tos, dolor de cabeza y muscular, y malestar general; la mayoría se recupera en 7-10 días. Puede complicarse en personas vulnerables como niños pequeños, mayores de 60 años, embarazadas o enfermos crónicos. El tratamiento es sintomático y la vacunación anual es la mejor forma de prevención.
La gripe se transmite de una persona enferma a otra a través de las gotitas que se expulsan con la tos y los estornudos. La capacidad de transmisión se inicia desde el día antes de la aparición de los síntomas y persiste durante cinco días después.
Se estima que la gripe estacional puede afectar entre el 5% y el 20% de la población general, y que aproximadamente el 25% de los procesos respiratorios febriles podrían ser producidos por la gripe. Esta morbilidad elevada da lugar a un número importante de consultas médicas y de días laborables perdidos como consecuencia de la enfermedad. Además, determinadas personas, como las de edad avanzada, las que tienen enfermedades crónicas, las que están inmunodeprimidas y las mujeres embarazadas, entre otras, pueden sufrir la enfermedad con más gravedad y es frecuente que presenten complicaciones durante su evolución. Por estos motivos la gripe sigue siendo un problema importante de salud pública.
La gripe cursa con fiebre elevada, tos seca, dolor de cabeza y de garganta, dolor muscular y malestar general. También puede provocar diarreas, náuseas y vómitos, sobre todo en niños pequeños. En la mayoría de los casos, las personas se recuperan en 7-10 días.
La gripe puede afectar a cualquier persona, pero los más vulnerables de sufrir complicaciones son los niños menores de 2 años, las personas de edad igual o superior a 60 años, las embarazadas, las personas con obesidad mórbida y las personas de cualquier edad que sufran alguna de las enfermedades siguientes: cardiovasculares, pulmonares (incluida displasia broncopulmonar, fibrosis quística y asma), neurológicas, neuromusculares, metabólicas (incluida diabetes mellitus), insuficiencia renal, inmunosupresión, cáncer, enfermedades hepáticas crónicas, asplenia y hemoglobinopatías.
El diagnóstico de la gripe generalmente es clínico y no requiere pruebas de laboratorio. No obstante, el diagnóstico microbiológico es fundamental para poder disponer de confirmación etiológica en pacientes con factores de riesgo y en enfermos graves. La detección del virus en muestras respiratorias se puede hacer por cultivo, por técnicas de detección de antígeno y por métodos moleculares.
No existe tratamiento específico para la gripe. Se recomienda dar un tratamiento con analgésicos y antitérmicos (paracetamol) para aliviar o tratar algunos de los síntomas asociados a la gripe, como la fiebre o el dolor de cabeza.
Los antibióticos no curan la gripe. Solo en aquellos casos en que haya una sobreinfección bacteriana, como la neumonía, o en enfermos crónicos, puede estar indicado un tratamiento antibiótico preventivo para evitar complicaciones.
Los antivirales, como el oseltamivir o el zanamivir, pueden estar indicados en personas con alto riesgo de complicaciones para reducir la duración de la gripe y la posibilidad de complicaciones, pero se tienen que empezar a tomar antes de que pasen 48 horas desde el inicio de los síntomas.
La mejor forma de protegerse de la gripe es la vacunación y seguir unas buenas prácticas de higiene para evitar la propagación del virus. El objetivo de la vacunación antigripal anual es generar protección contra los virus gripales que circularán durante la temporada de gripe. Las autoridades sanitarias y las sociedades científicas de todo el mundo recomiendan de manera unánime la vacunación antigripal estacional de las personas de alto riesgo. Las vacunas antigripales son muy seguras y bien toleradas con una efectividad que oscila entre el 30% y el 70% para prevenir la hospitalización por gripe y la neumonía. En las personas mayores residentes en instituciones, las vacunas han demostrado ser efectivas entre el 50% y el 60% para prevenir la hospitalización o la neumonía, y el 80% para prevenir la muerte por gripe.
Es una malformación que se da progresivamente en la válvula aórtica y produce una obstrucción del flujo de salida del ventrículo izquierdo. Con frecuencia, la estenosis aórtica va asociada a más de un tipo de obstrucción, como la estenosis de la válvula mitral, la coartación aórtica y la estenosis aórtica supravalvular. Eso hace que pueda formar parte del síndrome del corazón izquierdo hipoplásico.
Entre el 3 y el 6% de las cardiopatías congénitas que se detectan durante la infancia son una estenosis aórtica. En el caso de los hombres y las mujeres predomina entre un 3 o un 4%.
Normalmente, el paciente es un niño que no presenta síntomas y que tiene un buen desarrollo, pero en una exploración rutinaria se le descubre un soplo en el corazón. También se puede detectar la estenosis aórtica con las pruebas siguientes:
Se hará un tratamiento u otro según la gravedad de la enfermedad.
Si la valvulotomía percutánea o quirúrgica no consigue acabar con la insuficiencia ni la obstrucción, entonces se practica un recambio valvular. Consiste en sustituir la válvula aórtica por un autoinjerto de la válvula pulmonar del mismo paciente o con un homoinjerto, que proviene de otro donante.
Los pacientes que se han sometido a este tratamiento tienen una calidad de vida parecida a la del resto de la población. A pesar de eso, un 20% continuarán 30 años de su vida con una estenosis leve y un 20% necesitarán una intervención en la válvula.
Es una enfermedad crónica inflamatoria del esófago causada y mantenida por una reacción alérgica. Se caracteriza por la dificultad para tragar (disfagia), los atascos de la comida en el esófago (impactación alimentaria) y rupturas de la pared del esófago (perforación esofágica).
Los síntomas más frecuentes son:
Si la inflamación esofágica y los síntomas que se derivan de la misma no se tratan, persisten desde la infancia hasta la edad adulta. Esta inflamación provoca alteraciones estructurales del esófago con un proceso de remodelación de los tejidos, que lleva al desarrollo de fibrosis y a la formación de estenosis. Es decir, un deterioro funcional que afectará de manera significativa la calidad de vida de quien la sufre.
Desde su primera descripción, del año 1993, la EE presenta una prevalencia de hasta 45 casos por cada 100.000 habitantes y una incidencia de 3,7 casos por cada 100.000 habitantes y año. Eso significa que actualmente es la causa más habitual de disfagia, perforación espontánea del esófago e impactación alimentaria en pacientes jóvenes.
Para establecer un diagnóstico adecuado, se tiene que hacer una gastroscopia mediante la cual hay que tomar múltiples biopsias del esófago, ya que las alteraciones inflamatorias se distribuyen de manera moteada. Con esta técnica también se evaluará la respuesta al tratamiento.
Con el análisis endoscópico de la superficie mucosa esofágica no basta para hacer un buen diagnóstico, ya que hasta el 10-15% de pacientes presentan una exploración endoscópica normal.
El tratamiento de la EE se basa en el uso de tres alternativas terapéuticas:
Para la prevención de las complicaciones de la EE es importante un diagnóstico temprano de la enfermedad. También es básico el tratamiento precoz y el seguimiento clínico y endoscópico.
La esclerosis múltiple es una enfermedad crónica del sistema nervioso central en la que el sistema inmunitario ataca la mielina de las neuronas, causando alteraciones motoras, sensitivas, visuales, cognitivas y fatiga. Su detección y tratamiento temprano ayudan a frenar la progresión y mejorar la calidad de vida.
Aunque la causa sigue siendo desconocida, se sabe que el sistema inmunológico reacciona de manera errónea contra la mielina. La pérdida de mielina causa alteraciones en el funcionamiento del cerebro, la médula espinal o el nervio óptico, y puede ocasionar la pérdida del tejido neuronal. A la larga también puede causar la destrucción directa de neuronas.
Las zonas donde se produce una pérdida de mielina, llamadas lesiones o placas desmielinizantes, aparecen en el tejido nervioso como zonas endurecidas. Estas lesiones pueden aparecer en múltiples localizaciones del cerebro, la médula espinal o el nervio óptico.
Son múltiples y pueden aparecer en dos contextos: en forma de brotes y/o con progresión de la discapacidad.
Los brotes son episodios de alteraciones clínicas con una duración superior a las 24 horas que tienen tendencia a remitir con el tiempo, aunque en algunos casos pueden quedar secuelas. En cambio, si hay progresión de la enfermedad, los síntomas aparecen poco a poco y se acumulan de manera más o menos lenta y progresiva. Algunas personas solo sufren un curso con brotes, otras solo progresivas y otras, después de un periodo de brotes, inician una etapa de progresión.
Según las áreas a las que afecte, los síntomas variarán entre:
También pueden quedar afectados el equilibrio o la coordinación, la función urinaria y la función sexual.
El número de casos de esclerosis múltiple va en aumento en todo el mundo y ha llegado a los 230 casos por cada 100.000 habitantes en algunas regiones. En el Estado español, la prevalencia es en torno a los 100 casos por cada 100.000 habitantes. Se calcula que hay más de 2,3 millones de personas afectadas en todo el mundo, de las cuales más de 45.000 han sido diagnosticadas en el Estado español y 7.500 en Cataluña. Afecta sobre todo a las mujeres: por cada hombre afectado hay entre dos y tres mujeres con EM y se diagnostica principalmente en adultos jóvenes. Aunque hay condicionantes genéticos, no se considera una enfermedad hereditaria. Según los estudios, el aumento de casos diagnosticados puede ser debido a las mejoras en la capacidad diagnóstica y en la calidad de los estudios epidemiológicos; pero también por el aumento del riesgo de adquirirla por factores ambientales Actualmente, se estudia la relación del déficit de vitamina D con la enfermedad.
El diagnóstico es complejo y se hace a través del estudio de la historia clínica, examen neurológico, resonancia magnética, punción lumbar y potenciales evocados.
El tratamiento de la esclerosis múltiple se divide en tratamiento de fondo y tratamiento sintomático.
El tratamiento de fondo se basa en la administración de fármacos por vía oral, endovenosa o subcutánea con el objetivo de modificar el curso de la enfermedad. Hoy en día, disponemos de toda una serie de fármacos que varían en eficacia, perfil de seguridad y tolerabilidad. Actualmente, el reto es ofrecer el fármaco adecuado para el paciente adecuado, la denominada medicina personalizada o de precisión, así como detectar de manera rápida a los pacientes que no responden bien a un tratamiento determinado.
El tratamiento sintomático: algunos de los síntomas disponen de estrategias de tratamiento farmacológicas y otros, no. Para combatir los síntomas que no disponen de ellas, se trabaja con la rehabilitación multidisciplinar desde una visión holística. Este tipo de tratamientos ha demostrado su efectividad a la hora de reducir el impacto de la enfermedad en las actividades y la participación social de las personas afectadas.
Aunque no hay recomendaciones específicas para evitar la aparición de la enfermedad, sí es importante mantener un estilo de vida saludable (dieta saludable, evitar el tabaquismo, ejercicio moderado, etcétera). Ya que favorece un mejor estado de salud para el cerebro y así se puede prevenir el empeoramiento de la enfermedad.
Es una enfermedad cerebral crónica que puede afectar a personas de cualquier edad. Se caracteriza por convulsiones recurrentes provocadas por descargas eléctricas excesivas de grupos de células cerebrales. Las consecuencias pueden ser neurológicas, cognitivas, psicológicas y sociales.
La epilepsia fue definida en 2005 como “un desorden del cerebro que se caracteriza por una predisposición permanente a generar crisis epilépticas”. De esta manera, se diagnostica epilepsia cuando los pacientes sufren dos crisis o más, separadas por un espacio de tiempo que va desde las 24 horas hasta los 10 años.
La epilepsia causa episodios breves de ausencias, movimientos involuntarios, succiones, pérdida de conciencia, etcétera. Tienen su origen en una zona del cerebro (crisis focales) o en su totalidad (crisis generalizadas). A veces, van acompañadas de pérdida de la conciencia y/o del control de los esfínteres. Tienen una frecuencia que puede variar desde una a lo largo de diez años hasta varias al día.
Las crisis (ausencias, contracción muscular, etcétera) son los síntomas fundamentales y varían según el lugar del cerebro donde se inicie la crisis epiléptica.
En las crisis tonicoclónicas generalizadas (CTCG), por ejemplo, es frecuente observar la aparición de temblores, contracción muscular, sacudidas, etcétera. Son las denominadas mioclonías, simétricas o asimétricas, con la desviación de los ojos. Posteriormente, suelen ir acompañadas de un espasmo con un cierre brusco de la boca, expiración forzada y grito epiléptico.
La epilepsia es una enfermedad que afecta a toda la población, independientemente de su edad, desde antes de nacer hasta personas de más de 90 años. Se estima que tiene una prevalencia de 8 de cada 1.000 personas.
Factores asociados:
En algunos casos, la causa de la epilepsia puede ser desconocida, es decir que, aunque hay un foco de actividad epiléptica en el cerebro, las tecnologías actuales no permiten descubrir la causa que las genera. La epilepsia también puede ser genética.
Es la segunda enfermedad neurológica –después del ictus– más atendida en urgencias. Se estima que cada año unos 3.000 pacientes se visitan en nuestro centro. Un 3% de la población acudirá alguna vez en su vida a un centro sanitario para descartar que los síntomas que tiene sean epilepsia.
Para hacer el diagnóstico tenemos que realizar:
Se recomienda evitar todo tipo de situaciones que puedan generar:
Cuando nos encontramos ante una crisis, se tienen que hacer una serie de recomendaciones para evitar posibles daños en la persona que la sufre.
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