Somos la suma de cuatro hospitales: el General, el Infantil, el de la Mujer y el de Traumatología, Rehabilitación y Quemados. Estamos ubicados en el Vall d'Hebron Barcelona Hospital Campus, un parque sanitario de referencia internacional donde la asistencia es una rama imprescindible.
El paciente es el centro y el eje de nuestro sistema. Somos profesionales comprometidos con una asistencia de calidad y nuestra estructura organizativa rompe las fronteras tradicionales entre los servicios y los colectivos profesionales, con un modelo exclusivo de áreas de conocimiento.
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La apuesta por la innovación nos permite estar en vanguardia de la medicina, proporcionando una asistencia de primer nivel y adaptada a las necesidades cambiantes de cada paciente.
La fibromialgia es una enfermedad crónica relacionada con una alteración en la percepción del dolor del sistema nervioso central. Se caracteriza principalmente por dolor generalizado, a menudo acompañado de cansancio y trastornos del sueño. Puede afectar a personas de todas las edades, especialmente a mujeres. El tratamiento combina educación sanitaria, ejercicio físico, apoyo psicológico y, en algunos casos, medicación.
La fibromialgia es una enfermedad frecuente, la presenta el 2,4 % de la población general, y forma parte de las llamadas síndromes de sensibilización central. Se caracteriza principalmente por dolor generalizado. Hay una hiperexcitación del sistema nervioso central con disminución del umbral del dolor, lo que hace que este aparezca antes y sea más intenso, más duradero y más difuso. Hay una respuesta más intensa a estímulos dolorosos (hiperalgesia) y una respuesta de dolor a estímulos no dolorosos (alodinia). Su causa es desconocida, pero a veces existen desencadenantes claros como traumatismos físicos o emocionales o infecciones.
Es una enfermedad crónica y tiene un curso oscilante con periodos de mejora y otros de empeoramiento clínico.
El síntoma principal es el dolor generalizado, pero a menudo se acompaña de otros síntomas como cansancio, insomnio, hormigueo en las extremidades, dolor de cabeza, mareo, falta de memoria y de concentración, ansiedad o depresión.
Suele afectar a mujeres de mediana edad, con un pico entre los 40 y 49 años, pero puede afectar a personas de todos los sexos y edades.
Se diagnostica según unos criterios que se basan en la clínica del paciente, según la presencia de síntomas y signos característicos de la enfermedad.
No existe ninguna prueba médica específica.
Los análisis y, a veces, las pruebas de imagen ayudan a descartar otras enfermedades que en muchas ocasiones son concomitantes (se presentan al mismo tiempo).
El tratamiento de la fibromialgia debería basarse en cuatro pilares: educación sanitaria (información general sobre la enfermedad y la actitud frente a la misma), pautas de ejercicio físico según la tolerancia, terapia cognitivo-conductual, si procede, y tratamiento farmacológico.
1. Información general sobre la enfermedad y la actitud frente a la misma
Es necesario explicar la enfermedad dando consejos generales para sentirse mejor.
2. Ejercicio físico según la tolerancia
Existe evidencia de su eficacia sobre el dolor, el bienestar y la función física.
Se recomienda comenzar con ejercicio aeróbico de bajo impacto: caminar, nadar, bicicleta estática, aquagym, tai chi, pilates.
Debe practicarse de manera regular y progresiva.
Se recomienda realizar entre 20 y 50 minutos por sesión, al menos tres días por semana.
En los casos de peor tolerancia, se debe iniciar con diez minutos por sesión, de cuatro a seis días por semana, y aumentar progresivamente la duración, la frecuencia y la intensidad, si es posible, cada mes.
3. Terapia cognitivo-conductual
Impartida por psicólogos clínicos en los casos de ansiedad o depresión acompañante.
Aunque la enfermedad no es psicológica, la ansiedad y la depresión pueden ser desencadenantes y perpetuadores de los síntomas.
4. Tratamiento farmacológico
Puede ayudar a tratar algunos síntomas como el dolor, la fatiga o el trastorno del sueño, aunque su eficacia es reducida en un gran porcentaje de pacientes.
Actualmente, se utilizan algunos analgésicos, relajantes musculares, anticonvulsivos y también algunos grupos de antidepresivos.
Se debe evaluar el riesgo/beneficio y los posibles efectos secundarios de los fármacos que se utilicen.
Se aconseja un estilo de vida saludable, manteniendo el peso con ejercicio aeróbico según la tolerancia y una dieta equilibrada, organizar y ordenar las tareas habituales, incluyendo pequeños descansos, y evitar actividades estresantes desde el punto de vista físico y emocional.
Se adjuntan consejos de salud para personas con fibromialgia.
La miastenia gravis (MG) es una enfermedad neuromuscular caracterizada por fatiga y debilidad que empeoran con el ejercicio y mejoran con el reposo. Etimológicamente, la palabra miastenia proviene del griego (músculo) y astheneia (debilidad), mientras que gravis (grave) deriva del latín.
La MG se clasifica como una enfermedad rara, es decir, poco frecuente. Su prevalencia estimada es de 50 a 200 casos por millón de personas. Presenta una bimodalidad: en las mujeres suele comenzar antes de los 40 años, mientras que en los hombres aparece generalmente alrededor de los 50 años. Es rara en los niños. Estudios epidemiológicos recientes han descrito un aumento en la incidencia de casos de aparición tardía (después de los 60 años) sin predominio claro por sexo.
El síntoma inicial principal de la miastenia gravis (MG) es la debilidad muscular y la fatiga, que varían a lo largo del día. La debilidad muscular empeora progresivamente durante los períodos de actividad física y mejora tras el reposo. Muchos pacientes también reportan fluctuaciones relacionadas con las estaciones, el estrés laboral o psicológico, la menstruación o infecciones intercurrentes. En general, la debilidad y la fatiga empeoran hacia el final del día. Estas fluctuaciones y el empeoramiento con la actividad física son signos clave para diferenciar la MG de otras condiciones, como la fatiga mental o el síndrome de fatiga crónica, en los que el cansancio aparece por la mañana o en reposo.
La MG suele comenzar con síntomas oculares, como visión doble (diplopía) y/o caída de los párpados (ptosis), que pueden ser unilaterales o bilaterales. Los síntomas oculares suelen empeorar al ver televisión, leer, conducir o en condiciones de luz intensa. También son comunes los síntomas derivados de la afectación de la musculatura bulbar, como dificultad para tragar, masticar o hablar. Aproximadamente el 16% de los pacientes presentan inicialmente alguno de estos síntomas bulbares.
Otras manifestaciones posibles incluyen dificultad para mantener la cabeza erguida, incapacidad para mantener la boca cerrada, dificultad respiratoria, fatiga temprana al caminar, darse la vuelta en la cama, levantar los brazos o abrir frascos y botellas.
Aproximadamente el 20% de los pacientes pueden experimentar una crisis miasténica a lo largo de su vida, causando problemas respiratorios o deglutorios graves que pueden requerir hospitalización. Las crisis pueden desencadenarse por estrés, infecciones, medicamentos, cirugía o incluso estrés emocional.
El diagnóstico de MG se basa en los síntomas, el examen físico y pruebas paraclínicas. Las pruebas más importantes incluyen electromiografía (EMG y SF-EMG) y la prueba de edrofonio (Tensilón®). En la mayoría de los pacientes, se pueden detectar anticuerpos (AChR y MuSK) en suero. Un pequeño porcentaje de pacientes es seronegativo. Se recomienda realizar una tomografía computarizada (TC) para descartar la presencia de un timoma.
El tratamiento suele incluir inhibidores de la acetilcolinesterasa combinados con medicamentos inmunosupresores. La mayoría de estos fármacos tienen efectos secundarios dependientes de la dosis que deben considerarse. Las decisiones sobre el tratamiento deben tomarse de manera conjunta con el paciente, teniendo en cuenta las guías de la enfermedad, la experiencia del médico y la forma clínica de la MG. La atención del paciente con MG generalmente requiere seguimiento neurológico de por vida.
La timectomía (extirpación quirúrgica del timo) puede mejorar los síntomas, prevenir ciertas complicaciones y reducir la dosis de inmunosupresores. Se recomienda en MG generalizada en pacientes menores de 55 años y en todos los pacientes con timoma, independientemente de la edad.
La plasmaféresis y las inmunoglobulinas intravenosas (IVIG) pueden utilizarse durante exacerbaciones. En las crisis miasténicas puede ser necesaria la ventilación mecánica.
Con un tratamiento adecuado, la mayoría de los pacientes llevan vidas relativamente normales y tienen una expectativa de vida normal.
Embarazo: Los cambios fisiológicos durante el embarazo (náuseas, vómitos, aumento de peso, mayor volumen sanguíneo, cambios en la función renal y alteraciones en la absorción gastrointestinal) pueden afectar la MG y requerir ajustes en las dosis de medicación. Las mujeres embarazadas con MG tienen un mayor riesgo de complicaciones y efectos adversos. Aproximadamente un tercio de los embarazos presenta un empeoramiento clínico de la MG, principalmente en el primer y tercer trimestre y en el periodo posparto. Algunos medicamentos utilizados en MG pueden causar malformaciones fetales o aumentar el riesgo de aborto espontáneo o bajo peso al nacer.
Los recién nacidos de madres con MG pueden presentar miastenia neonatal transitoria por transferencia de anticuerpos maternos.
Dado que las complicaciones durante el embarazo y el parto son impredecibles, se recomienda atención multidisciplinaria especializada, que incluya al menos un neurólogo, obstetra, anestesiólogo y neonatólogo.
La cirugía, particularmente la timectomía, puede precipitar una crisis miasténica. Los principales factores de riesgo son altas puntuaciones en la escala funcional, valores espirométricos bajos y comorbilidades graves. La valoración de riesgos debe incluir a neumólogos, cirujanos y anestesiólogos.
Los procedimientos bajo anestesia local, regional o epidural generalmente no presentan riesgo de crisis miasténica.
Algunos medicamentos pueden empeorar los síntomas miasténicos, por lo que es importante informar a los profesionales de salud sobre la MG antes de prescribir nuevos fármacos. También pueden estar contraindicadas ciertas vacunas, alimentos y bebidas.
Muchos pacientes con MG presentan otras enfermedades autoinmunes, siendo la más frecuente el hipotiroidismo.
Se recomienda realizar ejercicio diario suave con periodos de descanso, teniendo en cuenta la naturaleza fluctuante de los síntomas. Los ejercicios respiratorios en casa pueden complementar el entrenamiento. Es muy importante mantener un peso saludable.
El tratamiento con el fármaco levodopa permite recuperar muchas de las funciones deterioradas o perdidas a causa de la enfermedad. Es el más eficaz, pero a la vez es un tratamiento que necesita mejoras ya que al avanzar la enfermedad su efecto se hace transitorio y fluctúa. Cuando actúa la medicación el paciente se encuentra bien en "On". Y cuando se le acaba el efecto se encuentra en "Off" y los síntomas reaparecen.
Para mejorar los efectos del levodopa se ha administrado por vías diferentes (inhalada, dérmica, intrajejunal) y en diversas formas farmacológicas . Ha sido especialmente exitosa la administración a través de gastrostomía en una infusión de gel de levodopa. Existen otros tratamientos farmacológicos y neuroquirúrgicos, como la estimulación eléctrica de partes del cerebro, que ofrecen buenos resultados. Se está trabajando la posibilidad de incidir en el cerebro enfermo, a través de estereotaxia con ultrasonidos, ahorrando la trepanación y cirugía.
Se han abierto nuevas vías de investigación en la enfermedad de Parkinson para averiguar la causa, evitar la progresión y mejorar al máximo sus síntomas.
El ejercicio físico de poca intensidad, practicado de manera regular y continuada -como por ejemplo caminar entre media y una hora cada día ayuda a preservar las funciones motoras automáticas y semiautomáticas.
Caminar comparte dos vertientes de voluntad y automatismo en el movimiento. El movimiento voluntario sería el dar los pasos. Y otros como el braceo, posición del pie en dar el paso, posición de la cabeza y del cuello etc, tienen un importante componente involuntario.
Todos los movimientos del cuerpo se benefician del ejercicio. Las capacidades motrices que todos tenemos y que nos parecen fáciles y permanentes en el tiempo, no son para siempre. Un determinado movimiento, como puede ser tocar el suelo con los dedos con las piernas estiradas, se pierde con el tiempo si no se practica.
Necesitamos un mantenimiento constante, de poca intensidad pero sostenido en el tiempo, para disfrutar a lo largo de la vida de las posibilidades de nuestro cuerpo.
El mieloma múltiple es un tipo de cáncer de la sangre que se origina por una proliferación anómala de células plasmáticas (un tipo de leucocito o célula defensiva del organismo). Estas células plasmáticas pueden dañar los huesos si crecen en exceso y provocar anemia. Además, son capaces de producir inmunoglobulinas, unas proteínas que, en exceso, pueden dañar los riñones y favorecer las infecciones.
Su incidencia anual en adultos es de 4-6 nuevos casos por cada 100.000 habitantes al año, cifra que representa el 1 % de todos los cánceres y el 10 % de los cánceres de la sangre, situándola entre las consideradas enfermedades raras. Suele afectar predominantemente a personas de edad avanzada, y la edad media es de 70 años.
El exceso de inmunoglobulinas (Ig) interfiere con las propiedades de la sangre, el funcionamiento normal de los riñones y favorece el desarrollo de infecciones (ya que no se producen el resto de Ig normales). Si también hay un exceso de células plasmáticas, se pueden dañar los huesos que contienen la médula ósea, provocando fracturas y dolor. Asimismo, puede dificultarse la producción normal de glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas, aumentando el riesgo de anemia, infecciones y sangrado.
Los síntomas clásicos del mieloma se expresan mediante las siglas en inglés de los órganos afectados: “CRAB” (Calcio, Renal, Anemia, Hueso). Sin embargo, pueden aparecer otros síntomas:
Frecuentemente, el hallazgo de una gammapatía monoclonal es incidental en un análisis de rutina, anemia o tras diagnosticar una fractura luego de dolor óseo persistente que no cede con analgésicos convencionales.
Para confirmar el diagnóstico y determinar la extensión o necesidad de tratamiento se requieren:
El tratamiento del mieloma múltiple ha cambiado significativamente en la última década, especialmente en los últimos años, con la aparición de nuevos fármacos y mecanismos de acción.
El objetivo del tratamiento es controlar la enfermedad el mayor tiempo posible con los mínimos efectos secundarios y mantener una buena calidad de vida.
El tratamiento del mieloma múltiple incluye fármacos que se pueden clasificar según su mecanismo de acción:
Además de los fármacos, que se pueden combinar entre sí, el plan de tratamiento puede contemplar la posibilidad de uno o dos trasplantes de médula ósea.
En el mieloma múltiple, el desarrollo de nuevos tratamientos está creciendo de manera exponencial, por lo que se están desarrollando fármacos con diferentes mecanismos de acción o combinaciones potencialmente beneficiosas, que en algunos casos pueden ofrecerse dentro de ensayos clínicos seleccionados.
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