Vall d’Hebron estudia como el sexo de donante y receptor influyen en la supervivencia después de un trasplante

El trabajo del equipo multinacional, que ha revisado los historiales de más un millón de pacientes que han recibido un nuevo órgano, ha descubierto diferencias significativas entre mujeres y hombres.

10/03/2023

El Hospital Universitario Vall d’Hebron ha dirigido la primera revisión sistemática para evaluar como ser un hombre o una mujer influye en las operaciones de trasplantes de órgano sólido. El objetivo del equipo investigador era descubrir si el sexo del paciente afectaba su evolución postintervención. En total el estudio publicado al European Journal of Internal Medicine se pudo identificar 1.103 estudios publicados entre el 2016 y 2021, de los cuales sólo 22 tenían los datos segregados por sexo. Lo que demuestra que el sexo es una variable que normalmente no se tiene en cuenta en los estudios de trasplantes. El equipo investigador analizó los 22 estudios científicos seleccionados que contenían los datos de 1.045.380 pacientes.

Las mujeres tienen una mortalidad inferior después de un trasplante de riñón o de hígado

El grupo de investigadores de cinco países, dirigido por el profesor Jordi Rello, jefe del grupo de Innovación en la Neumonía y Sepsis del Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR) y del Nodo 18 del Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Respiratorias (CIBERES) y Catedrático de Medicina de la Universidad Internacional de Cataluña pudo extraer una serie de conclusiones relevantes. La primera es que se hacen más del doble de trasplantes de órgano sólido en hombres que en mujeres (63,7% versus 36,3%).
Analizando la supervivencia, las mujeres tienen una mortalidad inferior, por tres puntos porcentuales, después de un trasplante de riñón y/o hígado. En los trasplantes de corazón no se ven diferencias entre los dos sexos, mientras que los de pulmones no había los suficientes datos para sacar unas conclusiones definitivas. Por otro lado, los hombres tenían un índice de reingreso por complicaciones posteriores a la operación menor en todo tipo de trasplantes.

También se analizó el riesgo oncológico de las personas que habían recibido un trasplante. Aunque las diferencias en la incidencia no eran significativas, sí que se percibían discrepancias en los tipos de cáncer observados. Las mujeres tenían más riesgo de sufrir un sarcoma de Kaposi, un tumor ginecológico o de pulmón, mientras que los hombres tenían más posibilitados de desarrollar cáncer de riñón o de vejiga.

Según Teresa Pont, coordinadora de Trasplante del Hospital Universitario Vall d’Hebron, Investigadora principal del grupo Donación y Trasplante de órganos, tejidos y células del VHIR y una de las autoras del estudio: "Las diferencias registradas tendrían que hacernos pensar si estamos haciendo una aproximación adecuada o tendríamos que incluir más parámetros en nuestros estudios". Añade que, "cuando no se tiene en cuenta el análisis por sexos, se pierde información vital para conocer las particularidades de la situación del paciente, sea hombre o mujer".

Tener la información segregada es el primer paso para repensar por qué y cómo los sesgos de género pueden afectar ciertas enfermedades. Se tiene que tener en cuenta que un sesgo es una distorsión fruto de una estimación inadecuada de los hechos o de los datos que muchas veces está muy arraigado y es difícil de reconocer. Por lo tanto, puede distorsionar todo el proceso asistencial, tanto en el diagnóstico (acceso, demora y espera desigual, a la atención sanitaria adecuada desde el inicio de los síntomas, errores diagnósticos…) como el esfuerzo derivado (tipo de estrategias terapéuticas, consumo y gasto por sexo, y sobreprescripción de terapias, etc.) La única defensa ante un sesgo son datos de alta calidad que muestren sin posibilidad de duda donde hay el error de percepción que lo ha originado.

El sexo es una variable largamente ignorada por la investigación médica. El ejemplo paradigmático es que, durante décadas las mujeres no eran incluidas en ensayos clínicos, puesto que se consideraba que sus cambios hormonales invalidaban los resultados.

Importancia de tener en cuenta el sexo biológico del donante.

Al analizar los porcentajes de rechazo al nuevo órgano, sea total o parcial, hay que tener en cuenta no solo el sexo del receptor, sino también el del donante. Una variable que casi nunca se tiene en cuenta. Los resultados señalaron que en caso de trasplantes de riñón, si el donante es masculino y la receptora es una mujer, el porcentaje de fallo del injerto es mayor en estas, independientemente de la edad. Pero, cuando el donante es del sexo femenino, las receptoras mayores de 45 años tienen menos rechazo que los masculinos de cualquier edad.

Según el Prof. Rello, “las hormonas sexuales están reguladas por los cromosomas sexuales e influyen en la intensidad de la respuesta inflamatoria, lo que afecta las infecciones y el riesgo de rechazo, según si es hombre o mujer (y su edad)”. En consecuencia, sugiere que “es importante que los profesionales consideren estas variables para decidir la estrategia del tratamiento puesto-trasplante, y que se hagan nuevos estudios específicos para poder descifrar la compleja interacción de estos factores y como influyen en la aceptación o no del nuevo órgano”. El Dr. Rello afirma que “la esperanza de los investigadores es contribuir a mejorar la supervivencia y calidad de vida de los pacientes, aportando conocimiento para optimizar los trasplantes y continuar avanzando hacia tratamientos personalizados”.

Al ser el primer metanalisi de esta tipología los resultados son parciales, por ejemplo a seguro que algunas de las conclusiones del estudio se pueden atribuir a diferencias biológicas, pero no todas; otros son resultado de las diferencias sociales y culturales existentes entre los géneros en nuestra sociedad. Por ejemplo, algunos estudios han señalado que los hombres estadísticamente tienen una pauta más irregular a la hora de tomar la medicación posterior a un trasplante de riñón. Este dato, que parece sólidamente debido a factores sociales, puede ser una de las causas de la mayor mortalidad del sexo masculino después de esta intervención.

El equipo investigador espera que sus resultados sirvan para que en posteriores estudios añadan el sexo y el género entre las variables a tener en cuenta y así se pueda entender mejor como influyen en la supervivencia y calidad de vida de mujeres y hombres trasplantados.

Teresa Pont, recuerda que "cuando no se tiene en cuenta el análisis por sexos, se pierde información vital para conocer las particularidades de la situación del paciente, sea hombre o mujer".

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