Somos la suma de cuatro hospitales: el General, el Infantil, el de la Mujer y el de Traumatología, Rehabilitación y Quemados. Estamos ubicados en el Vall d'Hebron Barcelona Hospital Campus, un parque sanitario de referencia internacional donde la asistencia es una rama imprescindible.
El paciente es el centro y el eje de nuestro sistema. Somos profesionales comprometidos con una asistencia de calidad y nuestra estructura organizativa rompe las fronteras tradicionales entre los servicios y los colectivos profesionales, con un modelo exclusivo de áreas de conocimiento.
¿Quieres saber cómo será tu estancia en el Hospital Universitario Vall d'Hebron? Aquí encontrarás toda la información.
La apuesta por la innovación nos permite estar en vanguardia de la medicina, proporcionando una asistencia de primer nivel y adaptada a las necesidades cambiantes de cada paciente.
La hemofilia es una enfermedad que se caracteriza por la presencia de hemorragias y que se produce por la deficiencia de un factor de coagulación. El tratamiento consiste en sustituirlo.
El tratamiento de la hemofilia es sustitutivo y se basa en administrar por vía intravenosa el factor deficiente, en caso de sangrado agudo, antes de cualquier exploración agresiva o de una intervención quirúrgica. Los concentrados de factor VIII o IX pueden ser de origen plasmático o recombinando concentrados obtenidos por biotecnología. En los casos leves se pueden utilizar otros fármacos como la desmopresina, un derivado sintético de la vasopresina.
En la hemofilia grave hay que iniciar el tratamiento de forma preventiva antes de los dos años o después de la primera hemartrosis para evitar las graves complicaciones articulares que producen las hemorragias repetidas y sirve como tratamiento preventivo de la hemorragia cerebral. En la hemofilia A es necesario administrar el factor VIII tres días a la semana y dos en la hemofilia B. Los nuevos tratamientos en desarrollo permitirán en el futuro espaciar las infusiones.
Actualmente los factores plasmáticos y recombinantes son eficaces y seguros para el control y prevención de las hemorragias. La complicación más grave del tratamiento es la aparición de un inhibidor, lo que se presenta en un 30% de los casos de hemofilia A grave y entre el 2% y el 4 % de la hemofilia B.
La diabetes es una enfermedad que se manifiesta con un aumento de glucosa en la sangre, lo que se denomina hiperglucemia. Existen dos tipos, la 1 y la 2.
El tratamiento de la enfermedad tiene el objetivo de que se mantengan unos valores normales de la glucosa en la sangre, la glucemia.
Para conseguirlo, disponemos de dos tipos de medicamentos: los hipoglucémicos no insulínicos y la insulina. Los primeros sirven para disminuir la glucemia y solo se utilizan para tratar la diabetes mellitus tipo 2, cuando no basta con la dieta y el ejercicio físico para regular el nivel de azúcar en la sangre.
Con respecto a la diabetes tipo 2, hay que tratarla con insulina, una hormona necesaria para la vida que segrega el propio organismo y que se debe suministrar cuando este no es capaz de generarla. La insulina no se puede tomar por vía oral y, por lo tanto, hay que administrarla por vía subcutánea, habitualmente con plumas precargadas.
Aunque en el caso de la diabetes tipo 1 el tratamiento con insulina es imprescindible, cualquier persona con diabetes mellitus tipo 2 también puede necesitarlo en algún momento de su enfermedad.
Actualmente, disponemos de diferentes tratamientos que permiten paliar sus síntomas y signos y, en la mayoría de los casos, resolver las lesiones cutáneas. El especialista en dermatología determina cuál es el tratamiento más adecuado para cada paciente, en función del tipo de psoriasis, dónde se localiza, su extensión, gravedad y características de quien la sufre.
Hay tres tipos de tratamientos:
Este pequeño dispositivo, que se implanta bajo la clavícula gracias a una pequeña incisión, envía impulsos eléctricos al corazón para que pueda latir con un ritmo constante.
Los marcapasos ayudan a regular el ritmo del corazón cuando la estimulación natural falla, es decir, se deben implantar cuando la frecuencia cardíaca es más lenta, rápida, irregular o si existe un bloqueo en el sistema de conducción eléctrica del corazón. Habitualmente hay dos causas:
Hay dos tipos de marcapasos:
El marcapasos artificial consta de un generador de impulsos eléctricos, el marcapasos, y un cable conductor. Para implantarlo se realiza una incisión en el pecho, por debajo de la clavícula izquierda.
Se introduce el cable hasta la aurícula derecha o el ventrículo derecho, según la enfermedad. Si el paciente solo necesita un electrodo, se coloca en el ventrículo derecho. Si necesita dos, el otro se implanta en la aurícula derecha.
Se comprueba que esté bien colocado mediante un procedimiento radiológico y, si todo está correcto, se conecta y queda bajo la piel. Después se sutura la incisión.
Una vez está implantado, los electrodos transmiten señales al corazón que el aparato detecta. Posteriormente, envía los impulsos eléctricos al corazón para estimularlo rítmicamente.
Lleva siempre la tarjeta europea de portador de marcapasos, donde está toda la información del tipo de marcapasos y los parámetros de programación.
Para evitar el eccema es importante tener un buen cuidado de la piel. Además, se pueden administrar tratamientos tópicos y sistémicos, que deben ser indicados por un profesional médico.
Para tratar el eccema existen tres tipos de tratamientos:
El trasplante pulmonar consiste en sustituir uno o dos pulmones enfermos por otros sanos. En general, se debe realizar el trasplante cuando hay una enfermedad que comporta una insuficiencia respiratoria crónica grave y progresiva. Los trasplantes pulmonares se iniciaron en 1981 en California. En Cataluña, este tipo de intervención se desarrolla de forma exclusiva en el Hospital Universitario Vall d'Hebron, tanto para niños como para adultos.
Actualmente se practican 4.000 trasplantes pulmonares al año en todo el mundo, entre niños y adultos, especialmente en Europa, Estados Unidos, Canadá y Australia. En el caso de Cataluña se realizan nueve trasplantes pulmonares por cada millón de población, una cifra que la convierte en un país en vanguardia. Nuestra experiencia incluye desde bebés de meses hasta pacientes de casi 70 años.
Normalmente es el médico neumólogo que atiende a una determinada persona paciente en insuficiencia respiratoria crónica quien contacta con la Unidad de Trasplante Pulmonar del Hospital Vall d'Hebron de adultos o bien de pediatría. A partir de este contacto, el paciente será valorado por un equipo multidisciplinar con el fin de ofrecerle la mejor opción, que puede ser el trasplante o bien el tratamiento médico, únicamente. Siempre debemos considerar que las personas que se someten a un trasplante pulmonar tienen que tener la fuerza necesaria para esperar la operación y superarla. Esta cuestión fundamental y compleja ha de ser resuelta a fin de que el trasplante sea una ayuda para el paciente.
Los índices de supervivencia de los trasplantes pulmonares son muy positivos. Más de la mitad de los pacientes están vivos al cabo de cinco años de la intervención y uno de cada tres pacientes sobrevive al cabo de diez años. No obstante, el objetivo de los especialistas es seguir investigando para mejorar estos resultados en la prevención del rechazo crónico y de todos los factores que facilitan esta complicación.
Los pacientes sometidos a un trasplante pulmonar deben tomar de forma crónica un tratamiento inmunosupresor y algunas profilaxis. La mayor parte de estos tratamientos son por vía oral y, quizás en algún caso, por vía inhalada.
Con el objetivo de prevenir las complicaciones se tienen que seguir los consejos médicos, llevar una vida ordenada y cumplir con la medicación. Aparte de esto, se puede tener una vida normal.
El trasplante de córnea es una intervención que consiste en sustituir una córnea dañada por otra sana de un donante. Se realiza cuando distintas enfermedades o lesiones afectan la transparencia y la función corneal, comprometiendo la visión.
Los principales síntomas que se detectan cuando hay una córnea dañada son:
El diagnóstico clínico es fundamental, pero también existen diferentes pruebas para confirmar si se debe realizar un trasplante corneal y, especialmente, de qué tipo. Estas pruebas son:
El tipo de trasplante varía según la parte corneal afectada.
El trasplante cardíaco es la implantación de un corazón nuevo. Cuando los órganos que hay que trasplantar son el corazón y los pulmones se denomina trasplante cardiopulmonar. Este procedimiento es necesario cuando el paciente sufre una insuficiencia cardíaca que limita su actividad diaria y se han agotado el resto de alternativas de tratamiento para su enfermedad.
El objetivo del trasplante es implantar un corazón procedente de otra persona (generalmente de un donante en muerte cerebral) para que supla las funciones del corazón de la persona enferma. A veces, la enfermedad cardíaca ocasiona problemas pulmonares o al revés: la enfermedad pulmonar ocasiona una enfermedad cardíaca. En estos casos es necesario implantar corazón y pulmones, lo que se denomina trasplante cardiopulmonar. Según el tipo de enfermedad, se trasplantarán uno o los dos órganos, siempre con la finalidad de obtener el máximo beneficio con el menor riesgo.
Antes de la intervención es necesario que un equipo de profesionales estudie al paciente siguiendo un protocolo clínico y quirúrgico con la finalidad de tener garantías de éxito.
La intervención se realiza bajo anestesia general. Durante el proceso de trasplante cardíaco, se extrae el corazón enfermo y en su lugar se implanta uno nuevo. En algunas ocasiones se deben trasplantar también los pulmones.
Para realizar estas intervenciones es necesario un equipo multidisciplinar de profesionales altamente especializados y con experiencia, además de la tecnología más avanzada e instalaciones adecuadas.
El posoperatorio tiene lugar en la Unidad de Cuidados Intensivos, donde médicos intensivistas, cirujanos cardíacos, cardiólogos y neumólogos cuidan de los pacientes hasta que están estables, para trasladarlos, en una fase posterior, a una planta de hospitalización convencional.
Durante este proceso, el médico indica el tratamiento inmunosupresor personalizado y el preventivo de infecciones que el paciente tiene que seguir con las oportunas modificaciones que, eventualmente, se puedan producir a lo largo del posoperatorio.
Una transfusión de sangre y/o hemoderivados es reponer los componentes de la sangre vitales para la supervivencia de los pacientes: hematíes, plaquetas y plasma, que no se pueden sustituir mediante otras alternativas.
Este tratamiento está indicado en las personas pacientes que, en un momento determinado, presentan una carencia de los componentes sanguíneos esenciales.
Las transfusiones comportan unos riesgos y siempre tiene que ser un médico quien tome la decisión de transfundir, en función del estado del enfermo, los resultados de los análisis y una valoración de la situación. En este caso, los pacientes siempre deben firmar un documento de autorización que se denomina consentimiento informado.
La sangre y sus componentes se obtienen de donantes voluntarios y altruistas. Antes de hacer la donación de sangre, es necesario que las personas donantes rellenen un cuestionario sobre su estado de salud y, además, se tienen que someter a una exploración médica. Posteriormente, se analizan todos los componentes sanguíneos obtenidos, para descartar la existencia de enfermedades que se contagian a través de la sangre.
Antes de realizar la transfusión, se debe comprobar que el derivado sanguíneo sea compatible con la sangre de la persona enferma. El personal facultativo responsable tiene que valorar los riesgos y los beneficios del tratamiento para el paciente.
Todos los componentes se administran a través de una vena con catéter venoso.
Aunque actualmente la transfusión de sangre es muy segura, se pueden producir algunos efectos desfavorables:
Actualmente, la transmisión de enfermedades infecciosas asociadas a la sangre es muy poco probable. Todas las unidades de sangre se someten a los análisis preceptivos para conocer su grupo sanguíneo y para prevenir la transmisión de enfermedades infecciosas como sífilis, hepatitis B, hepatitis C, VIH, enfermedad de Chagas y la infección por el virus linfotrópico T humano.
La radioterapia es un tipo de tratamiento oncológico que utiliza las radiaciones para eliminar las células tumorales de la zona del organismo donde se aplica.
La radioterapia sirve para tratar algunos tipos de cánceres, pero no todos. A veces se usa como único tratamiento; otras, en combinación con otros tratamientos, como la cirugía o la quimioterapia. El objetivo es reducir el tamaño del tumor antes de la cirugía o destruir las células tumorales después del procedimiento quirúrgico.
Para aplicar este tratamiento se utilizan el acelerador lineal y la unidad de cobalto. Mientras dure el tratamiento, entre 1 y 7 semanas, los pacientes tienen que venir cada día al Hospital para recibirlo. Durante este tiempo, la dosis total de radiación se reparte por sesiones. La duración de las sesiones y su número dependen de cada caso.
La radioterapia actúa sobre el tumor y destruye las células malignas, de modo que impide que crezcan y que se reproduzcan. Es una forma de tratamiento basada en el uso de radiaciones ionizantes que no causa dolor.
El tratamiento de radioterapia puede causar una serie de efectos secundarios que aparecen en el curso del tratamiento, en la parte del cuerpo que se está irradiando. Son diferentes en cada persona, y de mayor o menor intensidad. Son más fuertes si se recibe quimioterapia durante la radioterapia. Los efectos más frecuentes son cambios en la piel y cansancio. Y también náuseas y vómitos, caída del cabello en el área tratada, inflamación en la boca, falta de saliva, dificultad para tragar los alimentos, diarrea o molestias al orinar.
El tratamiento de radioterapia también puede ocasionar una serie de efectos que aparecen años después del tratamiento y que se pueden convertir en crónicos. Son poco frecuentes, pero se pueden presentar. Dependen de la parte del cuerpo en la que se recibió el tratamiento, la cantidad y la duración de la radioterapia y de si también se recibió quimioterapia.
Algunos efectos secundarios tardíos son cambios en el cerebro como pérdida de memoria o dificultad para moverse, infertilidad, edema de brazo, cambios en la boca (falta de saliva, caries dental, lesión en el hueso) o tumor secundario.
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