Somos la suma de cuatro hospitales: el General, el Infantil, el de la Mujer y el de Traumatología, Rehabilitación y Quemados. Estamos ubicados en el Vall d'Hebron Barcelona Hospital Campus, un parque sanitario de referencia internacional donde la asistencia es una rama imprescindible.
El paciente es el centro y el eje de nuestro sistema. Somos profesionales comprometidos con una asistencia de calidad y nuestra estructura organizativa rompe las fronteras tradicionales entre los servicios y los colectivos profesionales, con un modelo exclusivo de áreas de conocimiento.
¿Quieres saber cómo será tu estancia en el Hospital Universitario Vall d'Hebron? Aquí encontrarás toda la información.
La apuesta por la innovación nos permite estar en vanguardia de la medicina, proporcionando una asistencia de primer nivel y adaptada a las necesidades cambiantes de cada paciente.
El objetivo de la biopsia intestinal es obtener un fragmento superficial de la mucosa del intestino delgado para analizarlo con el microscopio. Mediante esta muestra se puede determinar si hay alguna enfermedad o problema de salud y cómo evoluciona.
Para tomar la muestra, se introduce un catéter muy delgado a través de la boca del paciente hasta la zona que se desea explorar. Posteriormente, la persona que se somete a la prueba tiene que ir cambiando de posición hasta que, por medio de rayos X se compruebe que la cápsula está bien colocada.
Cuando la posición de la cápsula es correcta, se efectúa una aspiración con una jeringa para obtener la muestra, lo que llamamos biopsia.
Se utiliza para analizar y determinar si existe alguna enfermedad o problema de salud en el intestino delgado.
A veces, hay que mover el catéter para colocar bien la cápsula. Esto no produce dolor, pero puede provocar irritación en la garganta o sensación de náuseas.
Los riesgos de la intervención son mínimos. Se pueden presentar complicaciones, como una perforación, sangrado o dificultad en la extracción de la cápsula, aunque son muy poco frecuentes.
Es una prueba que sirve para ver las arterias y detectar posibles problemas.
El equipo sanitario que realiza la prueba accede a las arterias de los pacientes mediante unos tubos largos que permiten llegar a casi cualquier parte del cuerpo, los llamados catéteres. Para hacerlo, es necesario pinchar la arteria o practicar una pequeña intervención quirúrgica. Habitualmente, se utiliza la arteria femoral, en la zona de la ingle. En algunos casos, se puede pinchar la arteria humeral, situada en el brazo o en la axila.
A través del catéter, se inyecta un contraste radiológico que se difunde por las arterias y permite ver cómo estas funcionan mediante rayos X. La punción se realiza con anestesia local, para evitar molestias.
Generalmente, la prueba dura de 30 a 60 minutos y, al finalizar la exploración, se coloca un apósito compresivo. Una vez terminada la prueba, los pacientes deben hacer reposo en la cama durante un periodo de 6 a 24 horas, según las indicaciones médicas.
Esta prueba se utiliza para ver las arterias y poder detectar posibles problemas.
Como cualquier tipo de acto quirúrgico, la arteriografía comporta una serie de consecuencias y posibles complicaciones, normalmente menores, que desaparecen o mejoran con el tiempo.
El cáncer de testículo es un tipo de cáncer poco frecuente, pero con buen pronóstico si se detecta de forma precoz. Reconocer los síntomas y realizar autoexámenes regulares permite identificar cambios a tiempo e iniciar el tratamiento cuanto antes.
Si estás preocupado o presentas alguno de estos síntomas, es importante que lo consultes con el médico.
Hacerse autoexámenes regulares de los testículos es importante para los hombres jóvenes, en particular para aquellos en riesgo de contraer cáncer de testículo.
Un autoexamen testicular puede ayudar a un hombre a detectar a tiempo cualquier cambio en los testículos, de manera que, en caso de necesitar tratamiento, este se pueda iniciar lo antes posible.
El cáncer de próstata puede detectarse de forma precoz mediante pruebas como el tacto rectal, el análisis de sangre PSA y, si es necesario, la biopsia. El diagnóstico en fases iniciales permite valorar mejor el tratamiento y mejorar el pronóstico.
El propósito de los análisis es detectar el cáncer de próstata en las etapas iniciales, antes de que la enfermedad avance. Existen dos pruebas habituales para la detección inicial y, según su resultado, se os podrá derivar a un/a urólogo/a para que os realice una biopsia.
El análisis de sangre PSA busca la presencia en sangre de una proteína que producen específicamente las células prostáticas.
El hecho de tener un nivel de PSA elevado o en aumento no siempre significa por sí solo que un hombre tenga cáncer de próstata. Los niveles de PSA pueden aumentar por la edad y por otras patologías benignas, como la hiperplasia prostática benigna o la prostatitis. Para diagnosticar un cáncer de próstata se debe hacer una biopsia de próstata.
Según los resultados de los análisis se os podrá derivar a un/a urólogo/a para que os realice una resonancia magnética y una biopsia. Es la única forma de determinar la presencia de cáncer.
Se trata de otra modalidad de biopsia en la que se utilizan tanto las imágenes obtenidas en la resonancia magnética como las imágenes ecográficas en tiempo real. Mediante un programa de ordenador, se fusionan las imágenes obtenidas en el ecógrafo con las de la resonancia magnética de próstata realizada anteriormente. De esta manera se pueden localizar con más precisión las lesiones. Además de la toma de una muestra de la lesión, se cogen muestras del resto de la próstata. Las muestras de la próstata se enviarán al anatomopatólogo/a (especialista que analiza y estudia los tejidos), quien, después de analizar las muestras en el microscopio, confirmará la presencia o no del cáncer y cuál es su grado de agresividad.
Nuestro consejo es que habléis con el médico para decidir si necesitáis un análisis de sangre PSA.
Juntos podéis escoger el mejor procedimiento.
El angioedema hereditario es una enfermedad de las consideradas raras, es decir, poco frecuente e, incluso, poco conocida por los profesionales sanitarios. Este hecho conlleva que los mismos pacientes necesiten más conocimientos sobre cómo actuar ante situaciones de urgencia, sobre todo cuando se encuentran fuera de su entorno habitual y lejos de su equipo médico.
Se recomienda evitar, en la medida de lo posible, posibles desencadenantes o agravantes de ataques:
Sospecha ante los síntomas siguientes:
El médico debe hacer un diagnóstico diferencial correcto para descartar otras causas, como la apendicitis, por ejemplo.
En este caso, no se debe perder la calma y se han de seguir las instrucciones que da el médico. A continuación facilitamos unos consejos generales:
1. Avisar a alguien que te ayude a explicar lo que te está pasando.
2. Preparar el informe clínico que te ha proporcionado tu médico.
3. Si dispones de medicación de rescate o de emergencia (Berinert®, Cinryze®, vía intravenosa, o Firazyr® subcutáneo):
4. Ir al centro sanitario con urgencias que tengas más cerca.
5. Pedir cita con el médico especialista una vez resuelta la crisis.
En caso de carga sintomática importante en los angioedemas de tipo I y II, se decide administrar un tratamiento de profilaxis con C1-INH
Transfusiones, ¿puedo donar sangre?
No se aconseja la donación de sangre por parte de los pacientes con angioedema hereditario de cualquier tipo o adquirido por déficit de C1-inhibidor.
Viajes largos o al extranjero
Te recomendamos llevar siempre el informe clínico que a tu médico te ha proporcionado, si puede ser, actualizado. Es una buena idea disponer de una traducción del informe al idioma del país donde piensas viajar o al inglés.
Localiza algún centro asistencial del entorno, por si fuera necesario.
Lleva siempre encima la medicación de rescate o de urgencia y verifica la caducidad. Y también aporta el informe médico para no tener ningún problema en los controles de seguridad de los aeropuertos o de las estaciones.
Dieta
No tienes que seguir ninguna dieta especial porque no se trata de un edema de causa alérgica y no está producido o desencadenado por alergia a ningún alimento.
La dieta no influye en la evolución de la enfermedad. Se debe seguir una dieta saludable, como cualquier persona.
Las personas que han sufrido un ictus pueden experimentar secuelas físicas, cognitivas y emocionales que afectan su vida diaria. Estas recomendaciones ayudan a gestionar la rehabilitación, mantener la autonomía y ofrecer apoyo a los cuidadores.
Después de sufrir un ictus, el paciente puede convivir con secuelas y complicaciones físicas o cognitivas. A pesar de la rehabilitación, no siempre se consigue una recuperación completa y puede quedar una discapacidad secundaria que afecte al movimiento, la coordinación o el control.
Es importante tener en cuenta que, más allá de la parte física, el enfermo también puede sufrir heridas psicológicas que necesitarán tratamiento.
Dentro de esta área, se engloban todas aquellas lesiones o complicaciones que afectan al paciente a nivel orgánico. Las más frecuentes están relacionadas con déficits motores, alteraciones sensitivas o del lenguaje e incontinencia urinaria:
A pesar de ser menos habituales, también pueden aparecer otras lesiones, como alteraciones visuales, dolor central o infecciones.
Durante la convalecencia, la rehabilitación, o al finalizarla, pueden aparecer alteraciones del estado de ánimo. Habitualmente, se producen en los primeros tres meses después del ictus, aunque hay casos en que se presentan más tarde. Los síntomas son similares a los de otras depresiones: alteraciones del sueño, dificultad de concentración y reducción del hambre. Los problemas psicológicos más habituales son la depresión y la ansiedad. La depresión se suele presentar en uno de cada tres pacientes, es más frecuente en mujeres y en pacientes con depresión previa, algún trastorno psiquiátrico o aislamiento social o una estructura familiar deficiente. También pueden producirse labilidad emocional, apatía, irritabilidad y falta de conciencia de las secuelas del ictus.
En este caso, el deterioro cognitivo más frecuente se presenta en forma de demencia, déficits de atención o disminución de la memoria. También hay pacientes que presentan alteraciones relacionadas con la orientación, la dificultad en la planificación y en la organización de las tareas.
Todos estos factores generan un impacto en la familia del paciente. La persona que asume el rol de cuidador en un 60 % de los casos sufre sobrecarga y ansiedad en el alta. Es importante:
El ictus se considera una urgencia médica que requiere una intervención diagnóstica y terapéutica inmediata. Ante cualquier sospecha, hay que actuar lo más rápido posible, ya que todas las células cerebrales que mueran ya no se recuperarán y su función quedará perjudicada.
Cada minuto se pierden 1,9 millones de neuronas y 14 billones de conexiones neuronales: una hora supone el envejecimiento cerebral de 3,6 años y una pérdida de 120 millones de neuronas. Si sospechas que una persona puede estar sufriendo un ictus, llama rápidamente al 112. Mientras llegan los servicios médicos:
El dolor es un fenómeno que engloba varias esferas: biomédica, psicológica y social. Se produce cuando el sistema de alarma del propio cuerpo avisa al cerebro de que hay peligro de sufrir una lesión, real o potencial.
Sentimos dolor cuando el cerebro “llega a la conclusión” de que está en peligro y tiene que hacer algo, que en algunas ocasiones consiste en activar el denominado “programa de dolor”. En este contexto, es clave descubrir por qué el cerebro llega a la conclusión de que hay una amenaza.
Sentir dolor no siempre significa que hay un daño o lesión. Podemos sentirlo sin que haya daño. Por ejemplo, cuando vemos que nuestro hijo se cae y se hace daño. Pero también puedes tener daño sin dolor; ¿alguna vez te ha salido un cardenal y no recuerdas cuándo te lo has hecho?
La intensidad del dolor no está relacionada con la cantidad de daño que hayan podido sufrir los tejidos. ¿Un mismo golpe duele siempre igual? ¿Los puntos de una cesárea duelen siempre igual?
El dolor lo genera el cerebro, no se encuentra en los tejidos. En el cuerpo tenemos “sensores de peligro” que envían señales al cerebro, que usa la información y otros factores para decidir si activa el programa de dolor a o la fatiga.
El cerebro siempre es quien decide qué genera y qué no genera dolor. En el 100% de los casos, si cree que está amenazado lo decidirá en función de varias variables: contexto, experiencias previas, creencias, emociones, etc.
Los pacientes con fibromialgia y síndrome de fatiga crónica pueden llegar a experimentar más dolor del habitual o dolor ante estímulos que no suelen generarlo, como una caricia.
Estos procesos se producen porque el cerebro activa el programa de dolor o fatiga para proteger al individuo del peligro que cree que hay, incluso cuando en realidad no existe, ya que el cerebro interpreta de forma errónea la realidad.
El dolor siempre es real, no se provoca conscientemente, ni se inventa, ni es producto de la imaginación. No es un problema psicológico. Quien sufre fibromialgia o fatiga crónica no es responsable de ello; pero sí de implicarse en el tratamiento con estrategias activas.
El primer paso hacia la mejoría es entender qué le pasa al cerebro y qué está causando el dolor. No dejes que el dolor guíe tu vida y condicione todo lo que podrías hacer.
La anemia es un trastorno en el que la sangre no transporta suficiente oxígeno al organismo, generalmente por una disminución de glóbulos rojos o de hemoglobina. Puede causar cansancio, mareo y, si no se trata adecuadamente, provocar complicaciones graves.
El organismo de los pacientes con anemia no recibe suficiente sangre rica en oxígeno. Como resultado, aparecen síntomas como la sensación de cansancio o de debilidad, así como mareo o dolor de cabeza, entre otros. Si no se trata, la anemia grave o prolongada puede causar lesiones en el corazón, el cerebro y otros órganos del cuerpo.
Es posible que el médico pregunte al paciente si tiene alguno de los signos o síntomas de la anemia o bien si ha tenido una enfermedad o problema de salud que pueda causarla.
Con el fin de dar las indicaciones precisas al médico y que este pueda realizar un diagnóstico rápido del caso, es necesario indicarle:
El tratamiento de la anemia depende del tipo, la causa y la gravedad de la enfermedad. Los tratamientos pueden consistir en:
El objetivo del tratamiento es aumentar la cantidad de oxígeno que la sangre puede transportar. Este aumento se consigue haciendo crecer la cifra de glóbulos rojos o la concentración de hemoglobina. La hemoglobina es una proteína de los glóbulos rojos rica en hierro y que transporta oxígeno a las células del organismo.
Otro objetivo es tratar la enfermedad de fondo o la causa de la anemia.
Cambios en la alimentación y suplementos nutricionales:
La transfusión de sangre puede ser necesaria en ocasiones, aunque debe ser valorada por el médico.
Es posible prevenir episodios repetidos de ciertos tipos de anemia, especialmente los que se deben a la falta de hierro o de vitaminas. Si se realizan cambios en la alimentación o se toman suplementos recomendados por el médico, se puede evitar que estos tipos de anemia vuelvan a aparecer.
El tratamiento de la causa puede prevenir la anemia (o evitar que se repita). Por ejemplo, si un medicamento está causando anemia al paciente, el médico puede recetarle otro tipo de medicina.
Para evitar que la anemia empeore, es necesario que los pacientes expliquen con detalle al médico todos sus signos y síntomas. También se recomienda preguntar qué pruebas se deben hacer y cumplir el plan de tratamiento.
Algunos tipos de anemias hereditarias, como la anemia de células falciformes, no se pueden prevenir. En el caso de sufrir una anemia hereditaria, es necesario que las personas pacientes consulten a su médico sobre el tratamiento y la atención continua que necesitan.
Esta patología no tiene cura, pero debido a la afectación muscular y ósea que estos pacientes aquejan es importante evitar el sobrepeso y la obesidad con una dieta y ejercicios adecuado. Esto reducirá la sobrecarga en las articulaciones, ayudará en parte a la sensación de fatiga y a la funcionalidad.
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