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Sida (VIH)

SIda VIH Hospital Vall d Hebron

 

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es un retrovirus, formado por dos copias de RNA de cadena única rodeado de una cápside. Se transmite por la sangre, por secreciones genitales (sexo sin protección) o de la madre al feto durante el embarazo o en el momento del parto o a través de la lactancia (en caso de que la madre no tenga la infección controlada). El VIH NO se transmite por otras vías, como podrían ser objetos, insectos o contacto físico sin compartir sangre o secreciones.

El VIH se puede prevenir utilizando preservativo en las relaciones sexuales y evitando compartir material que pueda contener sangre infectada.

 

Información destacada

El VIH infecta a un determinado tipo de defensas del organismo, los linfocitos CD4+. Con el tiempo la cifra de linfocitos va disminuyendo y aumenta el riesgo de sufrir determinadas infecciones por microorganismos (bacterias, virus, hongos y parásitos) que habitualmente no dan problemas cuando el sistema inmunitario funciona correctamente; es lo que se conoce como infecciones oportunistas. Además, el virus infecta otras células del organismo y queda en estado latente en localizaciones como pueden ser los ganglios linfáticos, la mucosa intestinal u otros. Este virus latente es conocido como reservorio viral y es uno de los principales impedimentos para la curación de esta infección.

El síndrome de inmunodeficiencia adquirido (SIDA) se define cuando las cifras de CD4+ bajan por debajo de 200 células/μl o si aparece alguna de las enfermedades (infecciones o neoplasias) que definen este síndrome. Por este motivo, y también para evitar nuevos contagios, es muy importante el diagnóstico precoz de la infección. Toda persona que haya tenido alguna situación de riesgo tendría que hacerse una serología ante el VIH (y otras enfermedades de transmisión sexual), independientemente de que presente síntomas o no. El hecho de sufrir alguna otra enfermedad de transmisión sexual aumenta el riesgo de adquirir y transmitir el VIH.

 

Los síntomas

La infección aguda por el VIH se puede manifestar de forma inespecífica, como cualquier otra infección vírica como podría ser una gripe (fiebre, malestar general, erupción cutánea, aumento de tamaño de los ganglios, dolor en las articulaciones o al tragar, cansancio...) o puede ser completamente asintomática.

Una vez cronificada la infección, pasa un tiempo variable en que el paciente puede estar completamente asintomático, pero durante el cual se puede transmitir la infección. A medida que bajan las defensas (CD4+) puede aparecer clínica relacionada con las patologías asociadas, ya sean infecciones o neoplasias, que pueden afectar a diferentes órganos/sistemas.

 

¿A quién afecta la enfermedad?

Toda persona sexualmente activa tiene el riesgo potencial de infectarse por VIH si desconoce el estado de salud de la persona con quien mantiene relaciones sexuales y no toma alguna de las precauciones siguientes: el uso del preservativo o la profilaxis preexposición (PrEP: tomar una combinación de dos fármacos antirretrovirales sin tener la infección por VIH con el fin de prevenirla en caso de que se entre en contacto con el virus). Afortunadamente, la transmisión por otras vías como la sanguínea o la maternofetal ha disminuido significativamente en nuestro medio, gracias a programas de reducción de daños o el cribado del VIH en embarazadas y donantes de sangre y órganos, entre otras medidas.

 

El diagnóstico

El diagnóstico del VIH se realiza en el laboratorio mediante la detección de anticuerpos que el paciente crea contra el virus (pero que no sirven para neutralizar el virus y curar la infección y que quedan positivos de por vida como un marcador de la infección) y la detección directa de partes del VIH, sea antígenos del virus o la determinación del número de partículas de VIH que están circulando por la sangre (carga viral). Se debe tener en cuenta que desde el momento en que el virus entra en el organismo y se detectan estos antígenos/anticuerpos pasa un periodo de tiempo en que todas las pruebas son negativas, que se conoce como periodo ventana. Con las nuevas técnicas actuales, este periodo se ha reducido a 2-3 semanas después de la infección.

 

El tratamiento

Hoy en día se recomienda iniciar el tratamiento antirretroviral a todos los pacientes con infección por VIH, independientemente de la cifra de CD4+ o de la carga viral. La única excepción serían los controladores de élite, que son personas que mantienen la carga viral indetectable sin tratamiento. En el resto de personas infectadas se empieza el tratamiento tan pronto como el paciente está preparado para recibirlo y se tiene la información necesaria para escoger la mejor opción posible en cada caso. Un tratamiento efectivo tiene que hacer que la carga viral sea indetectable, pero no consigue eliminar el VIH del organismo. De este modo se logra preservar/recuperar el sistema inmunitario y reducir la posibilidad de nuevas infecciones. De hecho, cuando el virus está indetectable en sangre gracias al tratamiento antirretroviral no se transmite la infección a otras personas (indetectable = intransmisible).

Existen fármacos de diferentes familias que actúan en diferentes puntos del ciclo de vida del VIH, frenando su replicación dentro del organismo. Así tenemos los inhibidores de la transcriptasa inversa análogos y no análogos de nucleósidos, los inhibidores de la integrasa, los inhibidores de la proteasa y los inhibidores de la entrada.

Actualmente el tratamiento antirretroviral es en forma de pastillas, aunque se prevé la aparición de fármacos inyectables en los próximos años. El tratamiento estándar es una combinación de 3 fármacos diferentes, que a menudo pueden estar coformulados en dos o un solo comprimido. Sin embargo, en determinadas circunstancias puede ser suficiente recibir tratamiento con dos o incluso un fármaco para tener controlado el virus. En estos momentos el tratamiento antirretroviral es de por vida, ya que si el paciente abandona el tratamiento, el VIH latente en los reservorios se activará y volverá a multiplicarse. En función de los fármacos que se estén tomando habrá que vigilar la posibilidad de interacciones con otros medicamentos que reciba el paciente y puede ser necesario un seguimiento analítico o exploraciones específicas para determinados fármacos.

 

El seguimiento

La infección por VIH se ha convertido actualmente en una enfermedad crónica y, con el tratamiento actual, la gente diagnosticada hoy día tiene una esperanza de vida similar a la población general. Si la persona con infección por VIH realiza correctamente los controles y toma la medicación antirretroviral puede hacer una vida completamente normal, y eso incluye tener hijos sin transmitirles la infección. Para el control de la infección se programan visitas rutinarias, habitualmente cada 3-6 meses, en las que a través de una analítica de sangre se mide la cifra de defensas (linfocitos CD4+) y la carga viral.

En esta analítica se miden también otros parámetros para tener controladas otras patologías que el paciente pudiera tener (hemograma, función renal, hepática, lípidos). Además, es posible que se hagan una serie de exploraciones complementarias específicas, como detección sistemática de enfermedades de transmisión sexual, cribado de ciertas neoplasias (cérvix, ano), de patología ósea... En las personas viviendo con VIH también pueden estar indicadas ciertas medidas preventivas como por ejemplo la vacunación contra la gripe o la enfermedad invasiva por neumococo.

La inflamación que provoca la replicación del virus en el organismo también aumenta el riesgo de sufrir enfermedades que encontramos en la población general, como por ejemplo patología cardiovascular, hepática, renal, neurológica o ciertos cánceres, pudiendo aparecer con más severidad o a edades más tempranas. Por este motivo es muy importante que las personas viviendo con VIH controlen los factores de riesgo convencionales y tengan unos hábitos de vida saludables.

 

Prevención  

Como enfermedad de transmisión sexual, el VIH se beneficia de la detección precoz y del uso de métodos de protección de barrera durante las relaciones sexuales, básicamente el preservativo masculino o femenino. Como ya se ha comentado, en los últimos años se ha estudiado el uso de la PrEP como estrategia preventiva. Esta estrategia ha demostrado una alta eficacia para evitar la infección por el VIH, pero al contrario que el uso del preservativo, tiene el inconveniente de que no protege ante otras infecciones de transmisión sexual.

En caso de la potencial exposición al VIH, se puede realizar también la profilaxis posexposición (PPE), que consiste en administrar una pauta de 3 fármacos antirretrovirales durante 28 días, pero se tiene que iniciar dentro de las primeras 72 horas tras la exposición al virus.

 

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