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Alzhéimer

Malaltia d'Alzheimer a Vall d'Hebron

La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad degenerativa del cerebro que comporta una pérdida progresiva de la memoria y otras funciones mentales que causan una limitación de las actividades de la vida diaria y, con frecuencia, trastornos de conducta. Es la demencia más común y está generalmente ligada al envejecimiento, aunque hay casos de aparición precoz. 

Información destacada

Los síntomas

  • Síntomas cognitivos: habitualmente se inicia con pérdida de memoria para hechos recientes, olvidos y, con posterioridad, quedan afectadas otras funciones mentales (orientación, lenguaje, reconocimiento de personas, lugares y objetos, pérdida de habilidades, etcétera). En algunos casos, el primer síntoma puede ser un problema de lenguaje, desorientación y trastornos del reconocimiento o un trastorno de conducta.
  • Repercusión en las actividades diarias: al principio el enfermo puede funcionar bien con recordatorios y ayudas para los déficits de memoria, pero progresivamente afecta a las actividades más elaboradas (gestiones complejas, finanzas...), las instrumentales rutinarias (tareas domésticas, uso del teléfono, compras...) y por último las básicas (vestirse, lavarse, ir al lavabo...).
  • Trastornos  psicológicos y de la conducta: en fases iniciales predominan los trastornos afectivos (ansiedad, depresión) y los cambios de personalidad, a medida que avanza la enfermedad pueden aparecer trastornos de conducta como agitación, agresividad, alucinaciones, ideas delirantes, trastornos de la actividad motora.

 

¿A quién afecta la enfermedad de Alzheimer?

  • La enfermedad de Alzheimer está ligada al envejecimiento, y el riesgo de sufrirla aumenta exponencialmente con la edad: la prevalencia entre los 65 y los 70 años es del 5 % y sube a más del 40 % entre los 85 y los 90 años.  
  • Hay una forma hereditaria de enfermedad de Alzheimer que supone menos del 2 % de todos los casos y que se inicia casi siempre antes de los 65 años.

 

El diagnóstico

Para hacer el diagnóstico, los médicos se basan en una buena historia clínica recogida del paciente y de un informador fiable,  por lo general un familiar próximo que viva con el afectado o lo vea muy a menudo.  Se confirma la presencia y la gravedad de los déficits cognitivos con escalas de evaluación de las funciones mentales. Para descartar otras causas de demencia se hacen una analítica y una prueba de imagen cerebral (TAC o resonancia magnética). Con estas pruebas se puede llegar a un diagnóstico clínico en la mayoría de casos con síntomas claros y típicos. Aunque la evaluación se lleva a cabo habitualmente en el ámbito de la atención primaria, el paciente es derivado al neurólogo o al geriatra para confirmar el diagnóstico y hacer la valoración del tratamiento específico.

Los casos de diagnóstico dudoso, los que presentan síntomas leves, inicio o progresión atípica, comienzo antes de los 70 años,  sospecha de que se pueda tratar de otra enfermedad degenerativa, coexistencia de otras enfermedades que puedan alterar el estado mental (enfermedades psiquiátricas...) se derivarán a la Unidad de Demencias del Servicio de Neurología, donde según el caso se completarán los estudios básicos con una exploración neuropsicológica completa, análisis especiales, punción lumbar u otras pruebas de neuroimagen (resonancia magnética, PET de glucosa o de amiloide).  

 

El tratamiento habitual

  • Por desgracia, en la actualidad no existe un tratamiento curativo, ni siquiera que detenga la progresión de la enfermedad de Alzheimer.
  • Los hábitos de vida saludable (dieta mediterránea, ejercicio físico, evitar los hábitos tóxicos), la prevención de la enfermedad cardiovascular, mantener una actividad intelectual y tener buenas relaciones sociales pueden retrasar la aparición de la enfermedad de Alzheimer asociada al envejecimiento.
  • Una vez diagnosticada la enfermedad, hay medicamentos (anticolinesterásicos y memantina) que pueden moderar la progresión.
  • En las fases leves y moderadas de la enfermedad la estimulación cognitiva puede ser útil para mantener el mayor tiempo posible las capacidades que se van perdiendo.  
  • Los trastornos psicológicos y de la conducta se tratan con medidas no farmacológicas (terapias psicosociales) o con medicamentos dirigidos a mejorar los síntomas psicológicos y conductuales predominantes (antidepresivos, ansiolíticos, antipsicóticos u otros tranquilizantes).
  • Finalmente, la Unidad de Demencias del Servicio de Neurología participa en ensayos clínicos de nuevos medicamentos en los que pueden participar voluntariamente los pacientes que cumplan los criterios de inclusión.

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