La prevención es la mejor opción

Coronavirus: consejos para el bienestar psicológico ante una situación de confinamiento

El bienestar psicológico es clave para superar una situación de distanciamiento social y de limitaciones de movilidad, como la producida por la propagación del coronavirus SARS-CoV-2, en la que se ocasiona un cambio drástico en los hábitos de vida.

Por este motivo, os recomendamos una serie de pautas y medidas que ayudan a gestionar el estrés y la ansiedad que puede ocasionar esta situación. Mantener una actitud positiva, compartir inquietudes, una alimentación saludable y tener tareas diarias son unos buenos pilares.

Información destacada

En momentos críticos, en los que los hábitos de vida se alteran, las personas pueden tener que enfrentarse a situaciones de estrés y ansiedad debido a la impotencia y/o frustración que causa el momento. En este marco, el psicólogo norteamericano Peter Levine, creado de la terapia somático experiencing®, propone:

  • Graduar cómo se reciben las noticias (evitando la sobreexposición).
  • Hacer sesgos positivos sobre la situación.
  • Volver a las rutinas cotidianas o crear nuevas.
  • Hablar de los sentimientos y reconectar con las personas.
  • Ayudar a otros.

En esta línea, S.E. Hobfoll, experto en ayuda humanitaria después de grandes catástrofes, estableció cinco criterios que se deberían promover en estas situaciones y que sintetizaban las necesidades de la población: el sentido de la seguridad y la autoeficacia (individual y colectiva), la calma y el control, la conectividad entre las personas, y la esperanza.

 

¿Cómo podemos aplicarlo a la situación actual que ha generado el coronavirus SARS-CoV-2?

Mas allá de las medidas que deben realizarse para evitar el contagio de coronavirus SARS-CoV-2, es importante realizar una serie de acciones para mantener el bienestar psicológico.

Comunicación

Medidas como el distanciamiento social y la restricción de visitas pueden provocar aislamiento social, especialmente en personas de edad avanzada que viven solas. Por ello, es importante, desde la distancia, comunicarse y socializar con amigos y familiares utilizando la tecnología y herramientas al alcance, como dispositivos móviles, redes sociales, videoconferencias o whatsapp.

En caso que conozcas a personas que no saben cómo utilizarlas, puedes ayudarlas a que puedan usarlas y mantener una conexión con la sociedad. Por ejemplo, les puedes dibujar o realizar un vídeo de tu pantalla con unas instrucciones que indiquen, paso a paso, cómo hacerlas servir.

La comunicación y la colaboración con otras personas es altamente positiva, según experiencias estudiadas en el pasado ante momentos críticos, y evitan sufrir situaciones de aislamiento que pueden afectarnos psicológicamente.

Organización de tareas

Es interesante planificar qué actividades se realizarán cada día, de manera que, dentro de la excepcionalidad de la situación, haya unas rutinas y unos hábitos diarios. Algunas opciones para los más pequeños son:

  • Jugar.
  • Leer y escuchar cuentos.
  • Realizar actividades manuales.
  • Aprender nuevas cosas, por ejemplo, técnicas de relajación.

También es importante realizar ejercicios físicos, como estiramientos o caminar en un espacio, a pesar de que éste sea reducido.

En caso que tengáis vecinos de edad avanzada, que forman parte de la población de alto riesgo de COVID-19, podéis ofrecerles vuestra ayuda para tareas como ir a comprar. Este tipo de acciones son altamente positivas para las personas y, además, facilitan cumplir con las medidas estrictas de aislamiento para este colectivo.

Acceso a la información

La sobreexposición a la información relacionada con la COVID-19 aumenta los niveles de estrés y perjudica la salud mental. Por ello, es recomendable un acceso moderado a las noticias para mantenerse informado, y realizar otras actividades como leer un libro, mirar una película o jugar a un juego, evitando recibir más información de la necesaria.

Gestión de las emociones

Nerviosismo, ansiedad, irritabilidad, sensación de peligro permanente, insomnio y dificultad para controlar las preocupaciones o dejar de pensar en una enfermedad. Estos son algunos de los síntomas que puede generar una situación como la actual. Para minimizarlos podéis:

  • Mantener los hábitos saludables y las rutinas diarias (alimentación, higiene, sueño, etc.).
  • Buscar una actividad o alternativa para distraerse de pensamientos negativos.
  • Verbalizar las emociones con una persona cercana o un compañero para aligerar la carga y la preocupación. 
  • Desconectar de las informaciones que llegan constantemente para reducir la sobreinformación, la ruminación y la preocupación.
  • Seguir técnicas de respiración y relajación para disminuir el nivel de ansiedad, o practicar actividades como yoga o meditación.

La mayor parte de las respuestas de ansiedad son consideradas normales, pero debemos estar alerta ante síntomas como:

  • Ritmo cardíaco acelerado y/o sensación de opresión en el pecho.
  • Estado de hiperalerta, verificación constante de tareas realizadas.
  • Aumento de temores y preocupaciones excesivas. 
  • Evitar personas, lugares o informaciones.
  • Cambios en el descanso o la comida, y de forma de estar con las personas.
  • Afectación a las reacciones interpersonales, familiares o laborales.

Si se produce alguno o diversos de estos síntomas, la ansiedad está repercutiendo en las actividades habituales y es necesario consultar con un especialista para buscar estrategias que permitan modular estas respuestas cognitivas, emocionales y fisiológicas.

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